Olvidando que lo real es contrario a la presunción

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Si fuera opositor, por ejemplo, de esos que acuden al llamado de los ultras de VP, les trataría de preguntar, digo, para estar claro, por qué antes querían constituyente y ahora no. Bueno, entiendo que eso requiere un esfuerzo crítico que no es asunto de venta fácil en los territorios de la derecha.

Pero, ellos me tienen sin cuidado, lo que me asombra son las muchas declaraciones de gente que está (o estaba) acostumbrada a la discusión desde la izquierda, es decir, a la polémica argumentativa, y que ahora dicen, como si nada, cosas como estas: la Fiscal, con gran valentía desmontó… Es una elección tramposa de Asamblea Constituyente ilegítima…

Inclusive, un grupo numeroso de intelectuales extranjeros que se identifican como zurdos, hicieron un “llamado urgente a la paz en Venezuela” muy poco después que el Presidente llamara a constituyente. Decían que esa convocatoria es claramente inconstitucional, que está lejos de resolver la crisis… ¡Que estúpida arrogancia!

Tenemos también constituyentistas del 99, leí uno que explicaba todo con una cursi parodia del gobierno: Cómo yo sé que no voy a ganar ninguna elección y que el pueblo no me apoya, me invento un procedimiento con el cuál no consulto al pueblo. Eso se llama fraude a la voluntad popular, fraude a la democracia, a la libertad…

Tales pronunciamientos, todos apoyados en esa cosa modelada que mentan posverdad, se parecen mucho a los que la oposición violenta ha lanzado a los cuatro vientos. Se les olvidó guardar, como lo afirmó Enrique Dussel, una cierta distancia de juicio…

Tengo la convicción que esta gente, con vocación de izquierda europeísta, que envuelta en sus velos intelectuales imaginan la democracia como un instrumento, no ven la derrota del chavismo como un drama político de repercusiones internacionales, sino como la oportunidad de retomar ellos el papel que tenían como la original y única referencia crítica (aunque disfuncional) que acepta las sociedades democráticas liberales. Se ven pasando a ser, de nuevo, los “representantes” de las aspiraciones del pueblo.