Samark López Bello: “Soy inocente de todo lo que se me acusa”

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Especial.- Como uno de los más importantes contratistas del gobierno, que alega haber manejado miles de millones de dólares en importaciones, López ha sido descrito por la prensa como un “enchufado”, uno de las personas con buenas conexiones políticas que se han hecho ricas en medio de una aplastante crisis económica.

Por años, Samark López Bello ha guardado silencio, aun cuando, como él mismo dice, ha visto cómo lo han ido convirtiendo en una grotesca “caricatura” de corrupción, compadrazgo y crimen en Venezuela.

López, quien tiene lazos de negocios en Miami, México, Barbados y otros países, probó ser de cierta manera un blanco perfecto para la oposición, asegura.

En febrero, las oscuras insinuaciones en su contra parecieron ganar en credibilidad cuando el Departamento del Tesoro de Estados Unidos nombró a López como el “principal testaferro” del vicepresidente Tareck El Aissami, un hombre a quien Washington acusa de encabezar una red de tráfico de drogas y lavado de dinero que le ha producido miles de millones de dólares.

La sanción presentada en contra de los dos hombres impuso un bloqueo sobre más de una docena de propiedades, entre ellas algunas en Miami, por un valor de decenas de millones de dólares.

Pero incluso cuando el nombre de López rebotaba por los titulares de todo el mundo, él prefirió mantenerse callado y recurrir a los tribunales de Estados Unidos para limpiar su nombre.

Eso cambió el mes pasado, cuando un diputado de la Asamblea Nacional de Venezuela lo acusó a él y a Postar, su compañía radicada en Barbados, de subir artificialmente los precios de las importaciones de alimentos. Estos explosivos cargos –en medio de una grave escasez que ha obligado a muchos venezolanos al saqueo y el robo de alimentos y a buscar comida en los basureros– no podían quedar sin respuesta, afirmó él.

“Que ese señor tuvo la temeridad de afirmar que nosotros de manera consciente planificamos un esquema para jugar con el hambre de nuestro pueblo– eso no se le puede permitir no solo a él si no a nadie”, dijo López. “Yo también tengo familia en Venezuela, y todos están sufriendo en este momento”.

Acompañado por un abogado, trajo consigo una caja de documentos –contratos de envío, órdenes de compras, recibos de almacén– para limpiar su nombre.

“Nuestros hijos en Venezuela nos están peguntando, ‘¿qué está pasando’?”, dijo. “¿Qué va pasar mañana? Ha sido terrible para la población entera, eso no distingue entre religión, color, sexo, clase social. Es una angustia permanente que estamos sufriendo como nación”.

En los círculos de oposición se considera a López como parte del problema: un miembro de la élite corrupta que ha amasado fortunas fabulosas a expensas de la administración socialista.

De acuerdo con esa narrativa, López pasó de ser un burócrata de nivel medio en el estado Mérida de Venezuela en el año 2003 con menos de $ 20,000 en el banco a ser uno de los hombres más ricos del país.

Es esa ascensión meteórica lo que tiende a levantar sospechas en su contra.

López afirma que esa opinión es demasiado simplista. Cuando él renunció a su puesto en el Departamento de Planificación de la Gobernación del estado Mérida en el 2003, se fue a trabajar a la empresa Siderúrgica del Orinoco, C.A. (SIDOR) en un momento en que la misma era propiedad de un conglomerado brasileño, argentino y mexicano.

Durante los cinco años que pasó allí, dijo haber ejecutado más de 70 “proyectos” industriales en los cuales acumuló experiencia en comercio internacional y creó conexiones dentro de la industria petrolera.

Cuando Sidor fue nacionalizada por el difunto presidente Hugo Chávez en el 2008, López creó su propia compañía, Yakima Trading, y se convirtió en importador para sus contactos en el sector petrolero.

López se siente irritado ante las acusaciones de hacerse rico a expensas del estado, diciendo que esa es simplemente la naturaleza de la industria del petróleo.

Compañías estadounidenses, como por ejemplo Chevron, trabajan rutinariamente para el gobierno venezolano en asociación con él mismo, pero no enfrentan este tipo de críticas.

“Tenemos que trabajar con el estado para trabajar en petróleo”, explicó.

El nombre de López empezó a salir en los titulares en el 2010, cuando los medios de prensa empezaron a cuestionar sus estrechos vínculos con El Aissami, una estrella en ascenso del partido gobernante PSUV que fue el ministro del Interior durante la presidencia de Chávez.

En algunos círculos de Washington, El Aissami ya estaba siendo mirado con sospecha.

Existían rumores acerca de sus lazos con el narcotráfico, y su ascendencia siria provocó que algunos lo vincularan al grupo terrorista Hezbollah.

Y López, con su exótico nombre de pila, fue mencionado con frecuencia en ese contexto.

López afirma que esas alegaciones carecen de todo fundamento. Samark, dijo, es simplemente una combinación de los nombres de sus abuelos: Santiaga y Marko.

“Somos venezolanos por generaciones. Mis hijas estuvieron en una escuela del Opus Dei” (una institución ultraconservadora de la Iglesia Católica), dijo él “No somos islámicos”.

También en el 2010, empezaron a salir a la superficie los primeros rumores acerca de que López estaba comprando en secreto los medios de comunicación críticos al gobierno en un esfuerzo por amordazarlos.

En la prensa, él ha sido vinculado a la compra de por lo menos tres propiedades diferentes de medios de prensa, entre ellos los periódicos Últimas Noticias y El Universal.

López dijo que, aunque sería perfectamente legítimo que él se hiciera propietario de un periódico, nunca ha invertido en ese sector.

“Prácticamente me están diciendo el Ted Turner negro y calvo de Latinoamérica”, dijo. “Un tipo que tiene un emporio”.

En lugar de eso, dijo López, ha estado siempre enfocado en ser un importador, principalmente para las industrias del petróleo y la construcción.

Durante ese tiempo, estableció su base de operaciones en Miami, y dos de sus cuatro hijos nacieron en Miramar.

Asimismo, estableció una compañía de seguros en el sur de la Florida llamada PYP que sirvió como base a su visa de inversionista en Estados Unidos.

 

López no quiso responder preguntas específicas acerca de su fortuna personal, pero dijo que su compañía ha importado mercancías por valor de más de $2,000 millones durante la última década, y que en un solo año él pagó personalmente impuestos personales en Venezuela por $100 millones en ingresos que fueron repatriados de cuentas en el extranjero.

En un país donde toda persona que sea rica resulta sospechosa de corrupción, López dijo que él trata de mantener un perfil discreto.

“A mí me gusta la buena vida, me gustan los vinos y me gusta viajar”, dijo.

“En un país con la carencia que tenemos, nosotros tenemos una cultura, incluso un valor familiar, de disfrutar las cosas que tenemos porque por eso trabajamos, pero no vamos a caer en la ostentación”.

Más recientemente, López ha encontrado una nueva línea de trabajo que lo ha forzado a mantenerse para un duro escrutinio público: importar alimentos para el gobierno venezolano en medio de una aplastante crisis de hambre.

“Mi trabajo es logístico, encontrar los mejores precios y coordinar las rutas. Si tu necesitaras un elefante de la India, yo haría una oferta sobre ese proyecto”.

El año pasado, él se ganó un contrato del gobierno para importar 454,000 toneladas de harina de maíz y de trigo, comprándolas a las gigantes estadounidenses productoras de materia prima ADM y Bunge.

“Nosotros ayudamos a resolver la crisis de la harina por la que estaba pasando el país”, dijo.

De modo que cuando la administración empezó a buscar compañías que pudieran proveerlos de cajas de alimentos diversos para vender a precios asequibles a las personas más necesitadas del país, López dio el paso al frente.

Postar se ganó un contrato por valor de $119.6 millones para suministrar tres millones de cajas de alimentos bajo lo que se conoce como el programa CLAP.

Mientras que investigadores en la Asamblea Nacional, controlada por la oposición, han acusado a Postar de inflar los precios, López mostró recibos, contratos y manifiestos de carga que parecen respaldar su afirmación de que se trató de un contrato de negocios legítimo, y que su compañía generalmente trata de conseguir márgenes de ganancia de entre 17 y 18 por ciento.

 

Tres días después de que se enviara el primer cargamento, la designación del Departamento del Tesoro de Estados Unidos se hizo pública, lo cual unió su destino al de su amigo de mucho tiempo, El Aissami.

López se negó a brindar detalles sobre el caso, mientras lucha por limpiar su nombre en los tribunales federales de Estados Unidos, pero describió a El Aissami como una vieja amistad de la familia que no “tiene nada que ver con los negocios”.

Al preguntarle si las alegaciones de narcotráfico presentadas contra El Aissami habían producido algún tipo de tirantez en su relación, él dijo “no, en absoluto”.

“No tengo nada que reclamarle a él y él no tiene nada que reclamarme a mí”, dijo.

“Soy inocente de todo lo que se me acusa”, dijo. “Confío en el sistema de justicia americana”.

Al preguntársele por qué le tomó tanto tiempo responder a las múltiples alegaciones presentadas en su contra, López dijo que es que eso simplemente no estaba en su naturaleza.

“Yo no soy un hombre público. No es que yo no sea lo suficientemente articulado para hablar con ustedes, o que no tenga la capacidad de explicar lo que quiero decir, es que a mí simplemente no me gusta hacerlo”, dijo. “Yo escogí mi mundo, y ese es el mundo de los negocios… Yo no soy un político”.

Al mismo tiempo que mantiene ser inocente, López afirma que su vida ha sido virada del revés por el fallo del gobierno de Estados Unidos.

Sus negocios de envíos y seguros en Miami han quedado congelados, y él reubicó a su familia del sur de la Florida a Venezuela.

Y él dice que ha suspendido todo su trabajo de comercio internacional mientras lleva su caso a los tribunales.

Aun si él acaba siendo exonerado legalmente, cambiar la opinión pública sobre él en un país que lo ha vilificado podría ser la batalla más difícil.

Al preguntársele si alguna vez había pensado que se haría demasiado tóxico en el sentido político para él y su familia vivir en Venezuela, él se encogió de hombros con aspecto resignado.

“Somos venezolanos y allí vamos a vivir”, dijo.