Al hablar de la Universidad, o pensarla, recuerdo aquel graffiti de la revolución estudiantil del Mayo Francés: Profesores, ustedes nos hacen envejecer… Por eso, a pesar de haber sido sofocada en poco tiempo, su onda expansiva estremeció todas las academias del mundo durante años. ¿Su causa? Las concepciones de modernidad tecnológica y modernidad de la liberación, presentadas como hermanas gemelas del desarrollo, se estaban desgarrando una a la otra. Eran de signo contrario.
En la confrontada Venezuela de hoy, la crítica universitaria no existe. En las nuevas universidades, creadas e identificadas con el gobierno revolucionario, la rebeldía no pasa de alboroto.
En las universidades históricas los cantos conventuales han dejado bien claro que, servir al pueblo, no forma parte de sus agendas. Han guardado bajo llave los saberes y los estudiantes cuidan esos cerrojos.
Me pregunto, cuánto más durará esa universidad enclaustrada, preparando sus propios caldos, como si fuera una abadía benedictina?
Con recursos presupuestarios menguados no resulta fácil de tragar que se use cuantiosos millones de bolívares para formar un estudiante con un rabioso conservadurismo y un creciente desarraigo de la nación. Sólo en las privadas.
¿Y las universidades creadas para la liberación? No dudo que tratan de marchar con la convicción de que el conocimiento no es un privilegio y menos aún una mercancía que pueda ser vendida al mejor postor.
Sin embargo, no basta la intención, necesitamos hechos que demuestren estar, efectivamente, al servicio de la liberación. Y además con eficacia.
La tarea liberadora requiere, sin duda, un nuevo modo de producción, descrito por Chávez como comunal. Eso es una tarea de todos.
De las universidades nacionales sería luchar contra la precariedad del aparato productivo nacional: formando, en el pregrado, profesionales para la producción comunal; capacitando, en el postgrado, a los profesionales de la administración pública interesados en ser transferidos a las comunas productivas; investigando sobre los encadenamientos industriales y agrícolas, y por último, animando a la agregación comunitaria.

JM Rodríguez