Las protestas de Hong Kong, zona cero: qué está pasando y cómo se ha llegado hasta aquí

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Polítika Ucab.-«No se repetirá Tiananmen». El Gobierno chino asegura que aquella masacre no volverá a ocurrir —hace treinta años, las protestas de la plaza de Tiananmen se saldaron con miles de heridos y una cifra de muertos que varía desde los 200 hasta los más de 2.000, en función de la fuente—, pero las manifestaciones en Hong Kong no cesan.

Este fin de semana, de manera pacífica y bajo la lluvia, centenares de miles de hongkoneses volvían a salir a las calles, un día más, para seguir protestando contra una decisión que, según denuncian los participantes en las manifestaciones, reduciría muchos de sus derechos como civiles.

Con un halo que recordaba a la ‘revolución de los paraguas’ de 2014, y con algunos de los líderes de aquella revuelta en la actual, la manifestación del domingo transcurrió entre rumores de presencia de infiltrados de la parte continental de China preparados para crear problemas.

Los organizadores cifraron en 1,7 millones el número de participantes en la protesta del domingo; un poco más baja que la más alta reivindicada en las últimas semanas: dos millones.

La Policía, por su parte, redujo esta cifra a 128.000, aunque solo en referencia a los concentrados en el parque Victoria, en el que las autoridades habían autorizado un mitin.

Más de dos meses hace desde que arrancaron las masivas protestas, y Pekín sostiene que tras ellas hay una ‘mano negra’. Los hongkoneses, por su parte, insisten en que luchan por la democracia. ¿Pero cómo se ha llegado a este punto? Estas son algunas de las claves para entender lo que está ocurriendo:

Relación entre Hong Kong y China

Actualmente el marco constitucional en el que se enmarca Hong Kong es en el de ‘un país, dos sistemas’, que entró en vigor en la década de los ochenta en la China de Deng Xiaoping.

En virtud de este principio, cada región autónoma de China puede continuar teniendo su propio sistema de Gobierno y disfrutando de su independencia económica y financiera, de un sistema legal propio y relaciones de comercio exterior también propias.

Fue un sistema elaborado para regular Taiwán, aunque se utilizó por primera vez para resolver el problema hongkonés.

Con la China unificada la China continental seguía practicando el socialismo, mientras que en Macao, Taiwán y Hong Kong se permitía continuar con su sistema capitalista ya existente.

Esta situación implica que en lugares como Hong Kong se permitan algunas cosas que no ocurren en la China continental: por ejemplo, la presencia de organizaciones como Amnistía Internacional, establecida en suelo hongkonés pero no en el chino.

Entre estas diferencias destaca el reconocimiento de determinadas libertades y derechos civiles, como la libertad de expresión o de prensa, o garantías durante la detención o procesos judiciales.

¿Por qué se protesta?: la ley de extradición

La razón de las protestas radica en una propuesta de ley de extradición que permitiría que sospechosos de cometer delitos en suelo hongkonés sean devueltos a la China continental, donde estas garantías judiciales se verían afectadas.

Esta legislación, la denominada ‘Ley de Fugitivos’, permitiría la extradición además a otros países con los que Hong Kong no mantiene ningún tipo de acuerdo —en la actualidad tiene acuerdos con 20 países, entre ellos Estados Unidos y Reino Unido—.

Hoy en día, Hong Kong no tiene ningún acuerdo de extradición con China porque bajo el marco de ‘un país, dos sistemas’ el territorio prometió ciertas libertades al menos durante 50 años, entre ellas, la independencia judicial.

En virtud de esta propuesta de ley, a pesar de que los tribunales serían los que tienen que revisar la solicitud de extradición, es finalmente el líder del territorio el que tiene la decisión final.

Hong Kong sostiene que se mantendrían las garantías procesales y de Derechos Humanos, como la protección contra la pena de muerte o la no extradición de sospechosos por delitos políticos; no obstante, la oposición argumenta que el responsable del territorio, actualmente en manos de Carrie Lam, se vería obligado a apoyar la solicitud de extradición desde China porque ella (en este caso) es seleccionada por una comisión dirigida por Pekín.

Asimismo, señalan hacia la Ley Básica, según la cual Lam se considera ‘responsable’ de lo que ocurre en Hong Kong ante el gigante asiático.

¿Quién está detrás de las protestas?

La masa que conforma las manifestaciones que se llevan a cabo en Hong Kong desde hace más de dos meses es, en gran medida, joven. Muchos de los que participan en las protestas son ‘millenials’, jóvenes estudiantes que no llegan a los 30 años y que exigen cambios en el sistema político para poder mejorar el futuro de toda una generación.

No obstante, hay algún nombre que sobresale entre los demás, concretamente el de Joshua Wong (22 años), uno de los líderes de la ‘revolución de los paraguas’ de hace cinco años, cuando aún era menor de edad.

Wong, que ha pasado varias veces por la cárcel, salió de prisión cuando la nueva protesta ya había arrancado.

Él mismo asegura que esta revolución «no tiene líderes, porque si los tuviera Pekín los arrestaría inmediatamente».

Agnes Chow, de 22 años, es otra de las activistas que forman parte de Demosisto, la organización a la que pertenece Wang y que hace las veces de ‘cabecera’ en las protestas.

Con esta formación se presentó a las últimas elecciones ‘midterm’ que se celebraban en la isla en 2018, pero finalmente se le prohibió concurrir a las elecciones, alegando que su partido apoyaba la «autodeterminación» de Hong Kong, en contradicción con la Ley Básica del territorio, que codifica la soberanía del gigante asiático sobre la isla. Si hubiera sido elegida, habría sido la diputada más joven de la historia de la región.

Quien sí tuvo este honor fue su otro compañero de partido, Nathan Law, elegido democráticamente cuando tenía 23 años, aunque posteriormente fue descalificado.

No solo los jóvenes, sino muchos de los hongkoneses se han sumado a las manifestaciones desde que se iniciaron a principios del pasado mes de junio.

Según algunos de estos jóvenes líderes que están a la cabeza de las protestas, cerca de dos millones de personas han salido a manifestarse por todo Hong Kong, lo que representaría más del 28% de la población (7,4 millones).

«Si en cualquier país, España, Alemania o Reino Unido, se manifiesta el 30% de la población el Gobierno tendría que escuchar a la gente.

Pero en Hong Kong, Pekín y el Gobierno local continúan ignorándolo», lamentaba el propio Joshua Wang en una entrevista con la agencia Efe.

Además del colectivo ‘millenial’ se oponen a este plan, periodistas, muchas empresas y políticos extranjeros, que temen que residentes de Hong Kong acusados de delitos sean trasladados a la parte continental, lo que podría ocurrir también con activistas locales y disidentes.

Las organizaciones en defensa de los Derechos Humanos temen que esto pueda llegar a pasar, dadas sus continuadas quejas acerca del sistema legal chino: denuncian detenciones arbitrarias, torturas y ausencia de juicios justos.

¿Qué opinan China… y el resto de países?

El Gobierno chino sostiene que es una «urgente necesidad» esta ley, para evitar que Hong Kong se convierta en un «paraíso para los delincuentes».

Y tras la oleada de manifestaciones, su postura no solo no ha cambiado, sino que además ha criticado las protestas celebradas en las últimas semanas, indicando que muchos de los manifestantes presentan «signos de terrorismo».

Aun así, desde el Ejecutivo central del gigante asiático sostienen que todavía no hay intervención por la fuerza para frenar las manifestaciones, pero que en caso de haberla, no se repetirá lo que ocurrió hace 30 años en las protestas de Tiananmen.

«China es ahora mucho más fuerte y madura, y su capacidad para gestionar situaciones complejas ha mejorado sustancialmente».

A la situación actual en Hong Kong se suma la respuesta que han tenido algunos países, provocando ciertas situaciones de tensión con el Gobierno de Xi Jinping.

Pekín ha llegado a convocar al ‘número dos’ de la misión estadounidense en el país asiático, Robert Forden, para protestar por la decisión de Estados Unidos de condenar públicamente el proyecto de ley.

Ya a principios de mes, el Ministerio de Asuntos Exteriores de China, desde su oficina en Hong Kong, tuvo otro encontronazo con Washington, al publicar los datos de un diplomático estadounidense en contacto con algunos de los participantes en las protestas.

El embajador chino en Reino Unido, Liu Xiaoming, también señaló a algunos políticos británicos por su «mentalidad colonial» en algunas de sus intervenciones, en referencia a las declaraciones de Tom Tugendhat, responsable de la comisión de Asuntos Exteriores en Reino Unido, que sugirió que Londres debería conceder la nacionalidad británica a los ciudadanos de Hong Kong para tranquilizar la situación.

«Los políticos de este país saben que su cuerpo está en el siglo XXI, pero su mente todavía está en los días de la colonización», criticó Liu, en declaraciones recogidas por ‘The Guardian’.

«Van a tener que cambiar su mentalidad, ponerla en la posición adecuada y ser conscientes de que Hong Kong es parte de China, no de Reino Unido».

España, por su parte, no se ha manifestado con respecto a las protestas, más que a través de una breve notificación desde el Ministerio de Exteriores dirigida a los españoles que tienen previsto viajar a la zona, para recordarle que si bien en su mayor parte se trata de protestas pacíficas, «al término de las mismas se producen con frecuencia enfrentamientos entre la Policía y grupos de manifestantes».

La jefa ejecutiva de Hong Kong ha decidido, en vista de los acontecimientos de las últimas semanas —los manifestantes llegaron a tomar el aeropuerto hongkonés y bloquear todos los vuelos programados durante días— suspender de manera temporal la propuesta de ley, que iba a ser aprobada el pasado mes de julio, aunque esto no ha sido suficiente: las protestas no cesarán.

«Si no insistimos ahora puede que no tengamos otra oportunidad de salir», dice Chrystal Lam, de 23 años, al ‘FT’.

«No quiero que las manifestaciones acaben así. Si no, dentro de 10 años la próxima generación tendrá que volver a salir a las calles».