Maduro y el negrito de El Batey

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A mi me llaman el negrito del Batey, Porque el trabajo para mi es un enemigo, El trabajar se lo dejo todo al buey Porque el trabajo lo hizo Dios como castigo…

Humberto Martí Espina.-Empiezo con esta famosa estrofa del popular merengue dominicano de los años cincuenta, y que se escuchó en toda la América Latina, cuyo compositor desconozco, pero muy acorde a la triste realidad que vive Venezuela hoy en día.

Si algo ha caracterizado esta fracasada revolución del siglo 21, tan promocionada y sembrada por el difunto innombrable, que en lugar de sembrar progreso y bienestar para los venezolanos, hizo que regresáramos a la Venezuela del siglo 19.

El difunto tuvo la gran suerte de recibir un país consolidado a lo largo y ancho de su geografía con  carreteras, autopistas, avenidas, represas, un país que desde el espacio era el mas iluminado de América Latina, hospitales, empresas privadas prósperas, universidades de donde han salido los venezolanos mejor preparados de Latinoamérica, una moneda fuerte, PDVSA, CVG y sus empresas básicas hoy casi todas quebradas, todo eso y muchas cosas más.

El difunto recibió también las arcas del tesoro nacional llenas de oro, y dinero, que le sirvió para lanzar la campaña mediática de su fracasada revolución, que enriqueció no solo a venezolanos de  la izquierda que coqueteaban con él, manchando de rojo todo el continente americano , pagando deudas y prebendas a los gobiernos de Ecuador, Bolivia y Argentina. A este último le condonó la deuda externa.

Dió la vuelta al mundo derrochando el dinero de todos los venezolanos, acompañado siempre de su canciller, quien  no se despegaba del innombrable, con una maleta llena de dólares, para sus  andanzas y orgias políticas.

Al llegar las vacas flacas de la revolución, quedan al descubierto  quiénes mandan un país, donde los pocos que producen no saben si mañana van a abrir o cerrar, y nos han llenado de importaciones  de productos que  antes se fabricaban en el país, y no hablar de la hiperinflación y todo el desastre económico.

A los pobres, ochenta y pico  por ciento largo de los venezolanos, ya el régimen no sabe que inventar, y las benditas cajas Clap se convirtieron en otro foco de corrupción, con esa política y síndrome de “El negrito del Batei”, empoderando al pueblo a pedir limosnas y cajas Clap, y apropiarse de los ajeno ganado con  esfuerzo y trabajo.