José Luis Centeno S. (@jolcesal)

Tres ex policías judicializados en una causa penal opaca. Desde hace 17 años y 7 meses, Rolando, Otoniel y Juan Guevara se encuentran encarcelados, condenados a prisión por estar presuntamente relacionados con la muerte de Danilo Anderson.

Aunque el crimen de Anderson está revestido del misterio manifiesto en otro de reciente data, existen verdades reveladas por los personajes llamados a tergiversar la realidad de ese homicidio que exculpan a los chivos expiatorios recluidos en el SEBIN.

“En amplia entrevista para El Nacional de ayer domingo [13 de agosto de 2006], el fiscal general Isaías Rodríguez reconoció que su testigo estrella del caso Anderson, Giovanny Vásquez de Armas, le mintió al ministerio público, por lo cual se confesó defraudado.”

Isaías fue especifico, “él me engañó”, dijo. Cuando el Fiscal General de la República admite que su protegido había mentido, no hizo más que reconocer defectos en la investigación nunca subsanados, determinantes en el juzgamiento de los supuestos autores materiales, sobre la base de la evidencia presentada por un solo testigo, el falso psiquiatra y ex paramilitar colombiano.

Vásquez de Armas se convirtió en el foco de interés frenético de los medios a partir del 29 de agosto de 2005, cuando Isaías lo muestra cual trofeo.

Su credibilidad siempre estuvo en entredicho, nunca convenció, consciente de los riesgos a los que se exponía con él, Isaías monta en escena a Peñuela, incluso habló de otro testigo, Raúl Bosque, tan dudoso como su nombre y la denominación del grupo 666 y sus amenazas de muerte al alto gobierno.

Efectuado el juico y pasada la distracción de las fiestas decembrinas, los primeros días del 2006 fueron de sobresaltos para el fiscal general.

La prensa hizo añicos el testimonio del “testigo clave”, del que tanto se había vanagloriado Isaías.

Con alta ética profesional, a diferencia de la fiscalía, los periodistas demostraron, con pruebas en mano, el trasfondo doloso en el ejercicio de la acción penal por el crimen de Danilo.

Vásquez, además de tener antecedentes penales por fraude de identidad en Colombia, no era psiquiatra ni paramilitar como aseguró ser.

Hechos, que, de entrada, cuestionaban no sólo el testimonio incorporado irregularmente en juicio sino también a la institución que lo promovió vehementemente y al juez que le permitió rendirlo en el debate oral y público.

La investigación periodística erosionó los cimientos de la sentencia condenatoria dictada a los tres ex policías, acreditó que Vásquez cumplía pena de prisión en Colombia para septiembre de 2003, el mes en que afirmó haber presenciado en Panamá la planificación del asesinato de Anderson por parte de personas entre las que aseguró haber visto a Rolando y Otoniel.

De acuerdo a la averiguación reporteril: “[…] se supo que a Giovanni Vásquez le fue acordado un pago de 3 millones de dólares para actuar como testigo, y que sus pagos los recibía en la sede del Ministerio de Interior y Justicia, un ente a cargo de Jesse Chacón.”

– La trama, pese a filtraciones, triunfaría, pero supuso un durísimo golpe que Vásquez en una entrevista con la periodista María Angélica Correa, un año después del juicio, en 2006, dijera que todo el juicio había sido un montaje del fiscal general, Isaías Rodríguez.

Y que había recibido tres millones de dólares para aprenderse un guion que arrojó al menos siete versiones distintas en los interrogatorios -explicó Jackeline Sandoval, Directora Ejecutiva de FUNDEPRO y abogada defensora de los Guevara.

Los medios de comunicación “demostraron que todo había sido una novela para incriminar a opositores”.

Justo la mala novela de la que habla Sandoval, en la cual les asignaron un infausto protagonismo a sus defendidos.

Isaías hubo de encarar semejante descalabro y no se le ocurrió mejor idea que censurar a la prensa, es cuando les prohíben a los medios de comunicación hablar de Vásquez.

Los efectos no fueron los esperados, la línea informativa y de opinión se hizo abrumadora, zarandeó instituciones y personeros involucrados, incluyendo al de la idea, el Vicepresidente, José Vicente Rangel, y, finalmente, la culpa cayó sobre el protector del mitómano.