Carmen Carrillo

Los jóvenes son víctimas de explotación laboral en bodegones, supermercados y franquicias.

Este secreto a voces parece no tener representación sindical, sobre todo en un país cuyo Presidente se autodefine como Obrerista y en el caso del estado Bolívar, con un gobernador que también viene de las filas del sindicalismo.

En la nota se menciona el caso del estado Aragua, porque el presidente de FetraAragua hace la denuncia pero ocurre en todos los estados de Venezuela donde han proliferado como plagas los llamados bodegones, franquicias chimbas y supermercados de origen extranjero.

En el estado Bolívar los bodegones son el grito “hot” del comercio, estado eminentemente minero  y que tiene todas las taras de un pueblo minero. Sólo falta el sheriff que dispare más rápido que los malandros.

El agravante en el caso de Bolívar, es que no hay ninguna representación sindical que se haya dado cuenta de cómo los jóvenes son explotados sin derecho a obtener una remuneración acorde con el esfuerzo laboral y mucho menos algún tipo de protección social.

Trabajan 12 horas diarias y sólo reciben un salario, que de acuerdo a la magnanimidad del gerente, quien normalmente no es el dueño sino que representa a una alianza estratégica entre alguien del gobierno y un sujeto que llegó con una maleta de dólares sin explicar  su origen, puede ser el salario mínimo en bolívares o en dólares.

Los llamados organismos cúpula de la representación comercial, léase cámaras de comercio o Fedecámaras como es lógico tienen preocupación por defender los intereses de esos “propietarios” de bodegones y comercios chimbos pues en Venezuela, en líneas generales, y en Guayana o Bolívar, como quieran decirlo, el comercio casi se ha extinguido y los que aún quedan son tratados como héroes.

Hay que suponer que pagarle mal al trabajador y explotarlo forma parte de la nueva gerencia laboral para sacar a Venezuela del marasmo donde la “eficiente gerencia chavista”, la estupidez de nuestra insigne oposición “luchadora” aunada al “bloqueo norteamericano y de la CEE” la han sumido.

En Guayana además debido a que los sindicalistas terminan convirtiéndose en empresarios, el trabajador no se atreve ni siquiera a denunciar la situación porque más tarda él en llegar a la oficina sindical que el patrono en enterarse y botarlo, por lo que ese joven prefiere doblegar sus años productivos a desalmados gerentes que jamás han leído la historia y por supuesto no conocen las luchas laborales de hombres y mujeres por mejorar las condiciones de producción de los trabajadores.

Y claro, nuestro presidente favorito Nicolás Maduro tampoco y menos nuestro gobernador favorito, Ángel Marcano, por lo que esos jóvenes pasan a formar parte de la “molienda laboral” que tan bien han desarrollado empresarios “chavistas”, lavanderías de dólares, empresarios de “oposición”, sindicalistas desmemoriados y dirigentes de comerciantes con el síndrome de Shakira.

Parece ser que la consigna es: “El último que apague la luz”.

Pero para que no se diga que son vainas de esta vieja loca, (que por cierto ni estoy vieja ni estoy loca),  aquí les dejo parte de la nota de Crónica Uno sobre la realidad que parece calcada en Puerto Ordaz, sobre el estado Aragua.

Ah, y para que sepan que aunque no lo crean aún quedan dirigentes sindicales que conocen cuál es su trabajo.

Es una estafa para la fuerza laboral

De acuerdo a un trabajo de Gregoria Díaz @churuguara para Crónica Uno, la Federación de Trabajadores del estado  Aragua denuncia, además, cómo con la proliferación de bodegones, supermercados y franquicias, entre otros comercios, la contratación de personal es una estafa para esa fuerza laboral que ronda en su mayoría los 18 y los 35 años de edad.

Gregoria cita casos concretos. Armando Navarro tiene 24 años de edad y trabajaba hasta hace poco en una tienda de equipos electrónicos y teléfonos celulares.

Su jornada comenzaba a las 8 de la mañana y casi siempre se extendía hasta las 7 de la noche.

De lunes a sábado. Un día mientras bajaba unas escaleras dentro del establecimiento, sufrió una torcedura en el pie izquierdo que devino esguince y en 15 días de reposo médico obligatorio.

“Llamé al jefe al día siguiente para notificarle que no podía ir a trabajar porque el médico me había ordenado inmovilizar el pie. Hasta ese día trabajé. Apenas me pagaron los tres días trabajados esa semana”, cuenta este joven maracayero que apenas recibía como salario el equivalente a $40 al mes, además de 2 % sobre las ventas que lograra.

Lo que me pagaron no me alcanzó ni siquiera para cancelar una radiografía que me ordenó el traumatólogo. Mi mamá debió asumir los costos médicos de mi rehabilitación”, dice.

Lo que vivió Armando le ocurre a muchos jóvenes aragüeños que debieron abandonar sus estudios para convertirse en un proveedor más de su grupo familiar y aceptar ofertas de trabajo en las que los salarios son cancelados en dólares, pero igualmente insuficientes para cubrir otras necesidades básicas, continúa la nota de la reportera de Crónica Uno.

“Son víctimas de una sobreexplotación laboral, sobre todo en negocios y comercios como bodegones, supermercados, franquicias y estaciones de servicio, entre otras, en donde les ofrecen un ‘paquete chileno’ en dólares en efectivo y sin recibos”, denuncia Raúl Maldonado, presidente de la Federación de Trabajadores del estado Aragua (Fetraragua).

Maldonado explica que estos comercios incurren en un delito cuando, al término de la relación laboral, cancelan las prestaciones con base en el último salario mínimo nacional.

En otro ejemplo, Gregoria Díaz, habla del caso de Jorge Muñoz es barista.

El joven trabaja en un conocido restaurante gourmet de Maracay y gana $300 al mes.

Comienza a trabajar a las 4 de la tarde y culmina cuando ya no hay clientes.

Casi siempre es de madrugada cuando el transporte del establecimiento lo lleva a su casa. Solo tiene dos días libres rotativos al mes.

“Creo que aguanto porque soy joven, pero es muy agotador”, dice el ciudadano de 23 años de edad.

Estas extenuantes jornadas son calificadas por el presidente de Fetraragua como explotación laboral.

La mayoría trabaja hasta 12 horas continuas sin que se les respete el horario establecido por ley de 40 horas semanales y de 8 horas diarias de lunes a viernes”, explica Maldonado.

El dirigente gremial cree que los propietarios de estos comercios y negocios utilizan como atractivo el pago en dólares para aprovecharse de la necesidad de muchos jóvenes que requieren un ingreso económico.

“Vemos con preocupación que en la misma medida en que prolifera este tipo de establecimientos, también abundan muchos dueños inescrupulosos y explotadores quienes, valiéndose de alguna protección, se aprovechan de la necesidad que tienen nuestros jóvenes de obtener ingresos para ellos y sus familias”, señala el presidente de la organización gremial.

Para el presidente de Fetraragua, Raúl Maldonado, nunca antes se había visto en el país una sobreexplotación laboral de la mano de obra joven, como la que se lleva a cabo en estos nuevos establecimientos comerciales.

Fetraragua viene monitoreando y registrando estas irregularidades en la contratación laboral del sector privado, pero su presidente admite que muchas de las víctimas de esta explotación laboral guardan silencio por temor a perder su única fuente de trabajo.

“Las formas de remuneración a los trabajadores de los bodegones son opacas y frente a la destrucción del salario mínimo legal, la capacidad de negociación de los trabajadores de los sectores con flujo en dólares es limitada. Aunque los bodegones reciban, en total, más divisas que bolívares, solo un escueto 12 % paga a sus asalariados su sueldo en divisas”, señala una investigación de campo realizada a finales de 2020 por Benedicte Bull, Antulio Rosales y Manuel Sutherland, como parte de una colaboración entre la Universidad de Oslo en Noruega y el Centro de Investigación y Formación Obrera (CIFO), en Venezuela.

De acuerdo con los datos de Fetraragua, actualmente, los salarios ofrecidos van desde los 80 hasta los $120 al mes, aunque hay comercios y establecimientos como los de medicinas y ventas de repuestos para vehículos que pueden ofrecer entre $150 y hasta $180 al mes.

La edad promedio de la fuerza laboral que accede a estas fuentes de empleo va desde los 18 hasta los 35 años, principalmente.

La mayoría de esta población no estudia y prevalecen muchos casos de madres solteras muy jóvenes.