Luis Velásquez Alvaray
La alucinación izquierdista es continua y no ve matices, como algunos quieren demostrar para ganar indulgencias, con estos representantes de ideologías fracasadas.
 
Contabilizan masivos crímenes y destrucción social. Una verdadera tormenta de odio y desolación.

Decir que son distintos es un engaño, y su actuación prueba que terminan en lo mismo, mientras el pueblo acentúa su miseria: México es mas pobre y víctima de la barbarie criminal con López Obrador.
 
Perú es un castillo de naipes al garete, con este invento de presidente, representación pura de la ignorancia deambulante del abc izquierdista.
 
Lula da Silva, del calabozo a la Presidencia, diseñó dos abominables hechos: el foro de Sao Paulo y la trama Odebrecht.
 
Petro ofreció racionalidad para ganar votos. Ya lo vemos blanqueando la tiranía venezolana, montando un circo, con el embajador cuya diplomacia es payasería pura y dura, arrodillado ante los criminales del rio putrefacto de Miraflores.
 
El de Argentina, un grisaceo y acomplejado títere, de actuar ambiguo y sibilino.
 
Llegamos a Chile, victima hoy de un gobierno surgido de los choques terroristas, auspiciados por delincuentes, financiados por el foro de Sao Paulo.
 
País respetuoso, derrrocó la dictadura, dió lecciones de altura política al continente. Hoy se encuentra gobernada por un nesciente, cuyo discurso es un ridículo espectáculo.
 
Desconoce hasta lo más elemental de las banderas ideológicas que dice defender. Prueba de ello, es el espectáculo que ofrecen, con un proyecto de Constitución que daría al traste con la institucionalidad.
 
Esconde el radicalismo de quienes gobiernan, su sesgo ideológico exagera los parámetros indigenista y de ideología de género. (Aprovecharse de las minorías para después pisotearlas. Pregúntenle a los indígenas venezolanos).
 
Asolamiento de la autonomía de los poderes, proponiendo un modelo de Estado hacía el personalismo.
 
Ruina de la democracia representativa. Pretendían eliminar el Senado, que es un organismo indispensable para la corrección parlamentaria.
 
Un retorcido boceto que el propio gobierno prometió cambiarlo, pero antes pidió votar a favor, sabiendo que de aprobarse era imposible modificarlo.
 
Lo sensato es un nuevo proyecto, que tome en cuenta los avances constitucionales en el derecho comparado, con el asesoramiento de expertos y una convención conformada no por los caciques del izquierdismo, que pretendían sustituir la alta representación chilena
de las ideas del cambio social y las transformaciones libertarias.
 
Este presidente -rechazado ampliamente en el plesbicito- debe renunciar, por patrocinar un plan de regresión democrática, que inclina al lado perverso la balanza, pretendiendo el control de todos los poderes.
 
A pocos meses de su desastroso ascenso, es ampliamente repudiado por todos los sectores de la sociedad chilena.
 
Un gobernante debe poseer «la auctoritas», que según el Dr. Garcia Pelayo, «es el crédito de una persona o Institución por sus pasados logros y, por tanto, tiene como supuesto la confianza».
 
En el caso chileno, que ahora nos ocupa, estamos en presencia de algo dramático: un presidente que lideró la propuesta de arrojar por la borda un proceso de forjamiento constitucional, lanzando a Chile por el tormentoso camino de la crisis política.
 
Debería renunciar, este señor Boric, y aprender que por menores asuntos, en las democracias avanzadas, los gobernantes se marchan al fallar.
 
Su actuación es la de un lobo enceguecido contra la libertad y los valores de la justicia.