Carmen Carrillo

Ignacio Lula Da Silva es el nuevo presidente de Brasil. A pesar de que aun en redes sociales, la gente de Jair Bolsonaro dice que aun no se puede hablar de un nuevo presidente porque la diferencia es mínima, quien fuera presidente del llamado «gigante del sur» y estuviera preso 580 días acusado de corrupción vinculado al caso Lava Jato, se impuso sobre un Jair Bolsonaro que no logró sacar más votos que los que obtuvo en la primera vuelta.

Es más, Bolsonaro perdió en Minas Gerais donde había ganado cómodamente en la primera vuelta porque este domingo Lula lo empató y lo rebasó por un mínimo porcentaje.

Votación muy polarizada

En Brasil las elecciones en la primera vuelta mostraron una tendencia: Una intensa polarización. El 48% de la izquierda votó por Lula y el 43% de la derecha votó por Jair Bolsonaro y aunque ambos trataron de conseguir más votos, al final se impuso la lógica política.

Es decir, ni Lula logró arrancarle votos a Bolsonaro ni Bolsonaro logró convencer a nadie de izquierda para que votara por él.

Aunque inicialmente, de acuerdo a redes sociales de medios de comunicación internacional, decían que Bolsonaro le llevaba una ventaja de 3 puntos a Lula, al final de la tarde, y a medida que iban llegando los votos de los estados del norte, los más pobres, Lula, fue remontando al punto que a las 6 de la tarde, hora Brasil, llevaba una ventaja de 800 mil votos.

Lula recibe un país en una buena situación económica, a pesar de la propaganda de la izquierda, que es en lo único que es buena; los indicadores económicos, todos, están en azul pero las clases más pobres de Brasil que son muy grandes en ese país, prefirieron votar por Lula ya que para ellos, por ejemplo, la no existencia de políticas para protegerlos de la pandemia del covid, fue un elemento definitorio para votar en contra de Bolsonaro.

Eso más las purgas policiales y militares en las favelas de muchas ciudades importantes de Brasil.

Al final, América Latina toda con la excepción de Uruguay, Ecuador y Paraguay está bajo la égida de la izquierda que es como decir de la iglesia. Eso significa que no importa cuanto trabajo pases en la tierra porque en el cielo tienes tu lugar y serás feliz.

Además la mano de obra seguirá siendo barata, los recursos naturales seguirán siendo explotados por los países desarrollados que deben mantener su confort y las largas hileras de migrantes seguirán avanzando hacia los países con prosperidad que continuarán levantando muros en vez de reconocer que sus políticas generan esas migraciones.