En 2009, un grupo de voluntarios participó en el proyecto Galaxy Zoo de la NASA, que tenía como finalidad clasificar imágenes de galaxias captadas a través de la llamada»espectroscopía infrarroja panóptica». Fueron analizadas imágenes no solo de la Vía Láctea, sino también de otras galaxias.

Los nuevos instrumentos de la NASA permiten analizar mejor la composición del universo

Las «galaxias guisante»

En el proceso de análisis, los voluntarios se percataron de que un puñado de galaxias presentaban colores inusuales. En las imágenes de aquel entonces, las galaxias aparecían como círculos relativamente pequeños con una sombra verde. Por eso las llamaron «galaxias guisante» en referencia a la vaina conocida también como chícharo o arveja.

Las claves del James Webb

Las «galaxias guisante» representaron apenas el 0,1 por ciento de las galaxias relativamente cercanas clasificadas por el proyecto Galaxy Zoo. En julio de 2022, el telescopio espacial James Webb produjo las imágenes más profundas y de mayor resolución jamás obtenidas del universo profundo.

En cuanto a las «galaxias guisante», el James Webb permitió medir con sus portentosos instrumentos la cantidad de oxígeno presente en galaxias cercanas y lejanas.

El color de las galaxias

Dos de las «galaxias guisante» presentaron un nivel de oxígeno cercano al 20 por ciento del usual en el resto de las mediciones obtenidas para la Vía Láctea. De hecho, la particular composición gaseosa de las galaxias es la que les confiene su color particular, dicen los científicos de la NASA.

«Estamos viendo estos objetos tal como existían hace 13.100 millones de años, cuando el universo tenía aproximadamente el 5 por ciento de su edad actual”, dijo el investigador Sangeeta Malhotra. «Y vemos que son galaxias jóvenes en todos los sentidos, llenas de estrellas jóvenes y gas brillante que contiene pocos productos químicos reciclados de estrellas anteriores. De hecho, uno de ellos contiene solo el 2 por ciento del oxígeno de una galaxia como la nuestra y podría ser la galaxia químicamente más primitiva identificada hasta ahora”.

Editado por Enrique López