No riqueza lo que chorrea

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JM. Rodríguez

Por estos días alguien comentaba que las 62 personas más ricas del mundo poseen más dinero que la mitad más pobre de su población, unos 3 mil 600 millones de personas. Pues, la cosa es bastante más grave.

Para ver la magnitud del asunto, hay que imaginar un imposible: que toda esa humanidad tuviese trabajo. Vamos más lejos, que a lo largo de un año cobrasen 7.200 dólares. Más descabellado aún, que hallan guardado el 10% de esa cantidad con la esperanza de construirse un futuro. Pues bien, como tal ahorro representaría 720 $, la mitad del mundo, reuniendo eso durante toda una generación, lograrían acumular 65 millones de millones de dólares.

Colocamos frente a ellos esas cinco docenas de las más grandes fortunas del mundo. Sería una montaña de 1.300 millones de millones. Veintiún veces más grande que la hipotéticamente reunida por la mitad del mundo. Sin rubor alguno, el cuento capitalista nos dice que los bienes de uso existentes o por existir, son valorados en correspondencia con esa montaña de dinero, que sí es real.

Al diablo con esa mitad de la humanidad, no tiene ninguna opción de vida. No importa que naden mares encrespados o busquen saltar muros infames, para llegar a donde los ricos se llevaron esos bienes. Se encontrarán con la otra mitad del mundo que, con más posibilidades de obtener algo, defenderán a cuchillo su puesto en la cola. En la playa de este cruento mercado quedaran tendidos, también, buena parte de esta otra mitad.

Es de este escenario que brotan tan desvergonzadas declaraciones:

Una población total mundial de entre 250 y 300 millones de personas, sería lo ideal… Ted Turner, dueño de CNN y amigo de los bisontes.

Hay demasiada gente, el planeta está demasiado lleno y tenemos que promover la muerte… Bill Maher, un titiritero de HBO, que hace chistes de la tragedia.

No se puede dormir cuando se piensa que todos (los viejos) están pagados por el Gobierno. Esto no se resolverá a menos que les demos prisa para morir… Taro Aso, viceprimer ministro del Japón, un verdugo cuyo sueldo lo pagan sus víctimas.