El fujimorazo negociador

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Un político de la vieja guardia e importante influenciador de nuevo cuño, me invita a opinar sobre el diálogo y la negociación, tras escucharme en un foro sobre las “mesas redondasde diálogo y negociaciones ocurridas en Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Alemania del Este y Bulgaria tras la caída del muro de Berlín, en la que expongo la necesidad de tales negociaciones como vía para superar nuestros problemas, además de exponer que podríamos estar muy cerca del fin de un periodo histórico, en el que de seguro veremos esas “mesas redondas” de negociación.

Veamos, en los próximos meses Venezuela va a vivir uno de los episodios políticos mas extraños en estos dieciocho años, posiblemente veamos cosas francamente inéditas, inesperadas y hasta confusas.
Para tratar de evitar con grado de urgencia, lo que bien dijo el canciller español, es decir que: “Maduro hasta el 10 de enero tiene la legitimidad, pero el 10 de enero se le acaba ese mandato, y empieza un mandato en base a unas elecciones que no reconocemos (..) este señor a partir del 10 de enero, no es un representante político”.
De allí que este político me indique “su vital importancia”, refiriéndose a las negociaciones ya que en ésta oportunidad: “todo luce que el gobierno va a ceder en muchas de sus posturas (..) y esto puede ser importante para integrar esa mesa redonda”. Le respondo que yo estoy más que dispuesta a opinar sobre ese esfuerzo, no sin antes explicarle algunos asuntos que me parecen vitales.
Porque antes de sumarme, tengo la obligación –al menos con mis lectores- de explicarles mis razones y sobre todo evitar, darles falsas expectativas que después terminan explotándoles en la cara a los simplistas del “el dialogo es la solución”.
En principio, en estos foros no hablo de una negociación, sino de “rondas de negociación” y explico cuales tendrían que ser las condiciones históricas que deberían darse, comenzando por la fase de orientación de la base opositora sobre las negociaciones y de cuales serían las posturas de las distintas tendencias.
En el caso polaco –los pioneros- se sentaron 94 veces en distintas etapas y esto es importante explicarlo porque ellos se sentaron a hablar del futuro, no de aquel presente, es decir que se sentaron a negociar las bases de la Polonia de hoy, no la continuidad del comunismo.
En el referente polaco hay que recalcar que ambas partes fueron las que estuvieron de acuerdo en negociar el final de un periodo histórico (aunque fuera a regañadientes y no exento de presiones).
Lo primero que hay que dejar claro es que no hay nada que podamos hacer para detener este diálogo, porque los actores de siempre ya están a punto de sentarse.
Y por eso mi opinión es respaldar una negociación siempre y cuando esté diseñada de acuerdo a los estándares internacionales, con objetivos claros, pero sobre todo con una calificada representación.
De plantearse de este modo, creo que éstas rondas de negociación deberían ser apoyadas por todos.
Resto en contraposición, a una mal llevada, con acuerdos de dudoso alcance y mal representada, pues se convertirá en la tragicomedia de siempre.
Así que hablemos primero de la importancia del momento y por qué sostengo que lo que vamos a vivir es una situación nueva que nunca antes había ocurrido.
Hasta ahora las “mesas de negociación y acuerdos” del pasado siempre han buscado superar el escollo de un problema coyuntural, como la de 2002-2003 en las que participé una vez y no regresé porque entendí que aquello había sido organizado tras el golpe para aplacar a la opinión pública nada más.
De la misma manera ocurrió con las siguientes, instaladas solo para buscar una legitimidad después de las elecciones de Capriles o para detener las manifestaciones de 2014 y 2017.
Pero estas en especial, debido a los movimientos políticos e internacionales, son inéditas e importantes.
De acuerdo a estas afirmaciones del Canciller español y de buena parte de la comunidad internacional, ésta sería la segunda vez en la historia suramericana en la que, de cara a buena parte del planeta, la comunidad internacional no solo desconoce los resultados electorales, sino que un país –de mediana importancia- no tiene un presidente ni electo ni en ejercicio (Constitucional) en este hemisferio.
Un caso similar ocurrió en el año 2000, cuando Alberto Fujimori desató una crisis institucional en su país, recordada como la más grande de Suramérica.
Esto lógicamente no significa que los venezolanos no lo reconozcan o lo consideren como presidente en ejercicio, pues la sumisión al orden constitucional localmente es por la vía de la fuerza y no del derecho.
Lo que quiere decir es que a nivel internacional enfrentará un aislamiento aun más severo, porque para muchos el país no tendrá representante legítimo.
Por eso Usted debe primero que todo entender ¿qué significan las palabras de Borrell desde el punto de vista diplomático?, expresadas también por Europa, Gran Bretaña, Canadá, Japón o Estados Unidos entre otras 89 naciones sobre: “este señor a partir del 10 de enero, no es un representante político”.
Pues significan que Venezuela tiene “por ahora” un presidente que fue electo en 2013 y que goza de todas las prerrogativas de su cargo, pero como en el caso de Fujimori en el año 2000, dejará de ser un gobierno in jure y perderá sus derechos ante esos países y por las mismas razones, perderá la majestad del cargo, su condición de representante y en especial, en materia de Derecho Internacional, se convierte en un simple civil, ya que pierde lo que se conoce como: “Inmunidad de Jurisdicción y Ejecución de Jefes de Estado y de Gobierno” por lo que técnicamente podría ser juzgado no solo por lo que hizo en el pasado, sino también por todo lo que hará, a partir del 10 de enero del año 2019.
Lo que sostiene el canciller Borrell es muy grave, pues al no ser “ese señor (..) un representante político” no podrá suscribir acuerdos en aquellos los países que no lo reconozcan, los ministros de exteriores carecerán de representatividad, así como los altos cargos y embajadores autorizados por éste, a menos que la Asamblea Nacional los acredite -ya que la ANC tampoco es reconocida como legítima-.
Otra cosa que perderán será la inmunidad diplomática a partir de esa misma fecha y entrarán en un limbo jurídico tremendo, que dependerá de los países anfitriones.
Es decir solo serán reconocidos por unos pocos países a los que se le unirá seguramente México, España y algunos de la región.
Otros quizás  “adopten una posición cautelosa” como ocurrió con Chile en el caso Fujimori, pero lo que sí es seguro es que será muy clara la crisis institucional y la posición de los países que más presión están ejerciendo.
Por lo tanto desde la inmunidad de los embajadores, los pasaportes diplomáticos, hasta el visado para la ONU, dependerán de que el país anfitrión lo reconozca o no.
Por eso, sostengo que es un magnífico momento para negociar puntualmente y posiblemente veremos en los próximos meses, excarcelaciones, promesas de elecciones con alguna garantía y situaciones inéditas y sorpresivas en el propio seno del régimen y mas increíbles en lo que queda de la oposición, ya que el gobierno sabe que en la presidencia de la Asamblea en 2019, estará el hombre más importante y posiblemente poderoso internacionalmente de la Republica, pues será en todos esos países el único legítimamente reconocido y allí también posiblemente veremos la pelea del siglo, porque le corresponde la presidencia, al partido Voluntad Popular.

Quitando esto, la negociación actual de manera puntual y coyuntural puede ser “exitosa” para conseguir un mejor presente para los políticos, porque por primera vez el gobierno está urgido de evitar la deslegitimación total y de allí que se contrataran los equipos de lobby locales y extranjeros que estarán presentes.

Mientras tanto para Venezuela el presente sigue intacto y el futuro es previsible, pues a las palabras de Borrell hay que sumar el hecho de que Venezuela está intervenida y aislada políticamente por la comunidad internacional, Canadá y Estados Unidos, toda Europa, en trece países de la región y al ganar Bolsonaro, quedará dramáticamente aislada en sus fronteras, mas allá del 2021 en Colombia, Brasil y países vecinos como Ecuador.

Así la nueva México con López Obrador trate de hacer lo imposible, sus capacidades de influir a nivel internacional estarán severamente debilitadas por sus propios problemas económicos en una economía frágil y el efecto Trump, pero sobre todo frente al resultado del desplome continuo de toda Venezuela.

Pero existe una gigantesca realidad en estas negociaciones que es su máxima debilidad. En todos los casos anteriores de mesas redondas, los comunistas quisieron también manipular a los representantes de la oposición, incorporando a la mayoría de sus acólitos e individuos ambiguos en la mesa de negociaciones.

Solo un pequeño detalle pudo detener a la ofensiva comunista, el temple y reputación intachable de Vaclavb Havel (Checoslovaquia), Lech Walesa (Polonia) o Janos Kadar (Hungría) que también integraban las mesas.

Nada más y nada menos, hombres inquebrantables comprometidos con el futuro de sus países.

Y aquí es cuando me veo obligada a hacer una pregunta. ¿Quién es, de cara a la comunidad internacional nuestro Vaclav Havel?, ¿Quién es nuestro Lech Walesa en la mesa de negociación y acuerdos?

Quiero decir con esto ¿quién posee el autoritas de la oposición a nivel internacional? No es un punto fácil de discernir, porque por ejemplo Henri Falcón y Francisco Rodríguez, quienes impugnaron  y desconocieron los resultados electorales del 20 de mayo, ¿Podrán legitimar de cara a la comunidad internacional los resultados?

¿Puede hacerlo por ejemplo Henrique Capriles, quien luego de decirle a la comunidad que “ganó las elecciones del 2012 y que para evitar una guerra civil, declinó? ¿Luego de que expulsaron a Julio Borges, a Tomas Guanipa y metieron en la cárcel a Requesens?

¿Pueden tener autoritas a nivel internacional, quienes van a negociar desde una posición de debilidad, acusados de corrupción por el régimen, en la cárcel o detenidos?.

¿Puede darle esa autoritas negociadora, legitimidad al régimen?, ¿Puede hacer que Trump, Duque o Bolsonaro reconozcan nada menos que el resultado de una elección, que no reconocieron ellos?

En este caso creo que sin autoritas, no hay negociación posible y el remedio puede ser peor que la enfermedad, porque una negociación no representativa y sin autoritas, puede ser percibida internacionalmente como “el efecto negociador” de Fujimori.

Por eso el diálogo va a ser a todas las luces sobre el presente y no el futuro, pues las condiciones que generan la crisis y el éxodo no se van a resolver por la vía de ceder alguna concesión entre las partes, sino tras cambiar por completo el modelo económico y generar una apertura gigantesca.

El colapso del sistema productivo solo puede ser frenado con ingentes cantidades de recursos financieros, ayuda masiva internacional – a estas alturas más grande que el rescate griego- ayuda técnica y de mercado similar a la del campo socialista en los noventas y eso no se ve por ninguna parte, ni es posible sin un gigantesco cambio de pensamiento en el seno del régimen, además de eliminar buena parte del entramado revolucionario –político, burocrático  y del sistema- y en esta primera negociación, nada de eso está sobre la mesa.

Por lo que la hiperinflación, la ruptura del tejido productivo, el éxodo y las repercusiones a nivel regional, continuarán dramáticamente haciendo estragos durante 2019 y la comunidad internacional aumentará la presión.

El segundo punto importante, es que sin autoritas, hay poco o nada que hacer por parte de la oposición, porque Venezuela está intervenida por mala paga y por corrupción.

Así que aunque los negociadores se paren de manos, rueguen y recen por el fin de la “intervención financiera” como la calificaron algunos o por el fin del “bloqueo” como lo llama el gobierno o los polemistas sostengan cualquier teoría alocada, el único que puede hacer algo, para cambiar su destino financiero, no es otro que el propio régimen, al que solo se le puede decir en una negociación real: “!derribe Usted el muro!”.

El siguiente punto es vital. La única condición para que las partes se sienten –sean las mesas redondas, las de Paz de las Farc, Vietnam o la que sea- es que cesen las acciones de represión, ninguna negociación puede darse si continúan las acciones de persecución contra la oposición.

Y esa es la única condición que hay que exigirle a Zapatero. ¡nadie bombardea, durante las negociaciones de Paz!.

En mi caso, si la oposición presenta algo al menos creíble, entendiendo los limites y alcances reales de una –primera- negociación, y el gobierno entiende que debe cambiar, como ocurrió en los países del campo socialista, China y hasta Cuba.

Allí estaré incondicionalmente opinando para apoyar sus iniciativas, de lo que espero sea la ultima “mesa redonda” de negociación con los comunistas de la historia y cerrar así finalmente, cien años de idiotez.

Thays Peñalver