Oswaldo Vigas, geométrico y lírico

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La exhibición Oswaldo Vigas. Geometría Lírica, curada por Dennys Matos, es la tercera del ciclo expositivo organizada por Ascaso Gallery.

La misma comprendió previamente Vigas constructivista, (Paris 1953-1957)“, curada por Bélgica Rodríguez en 2012, y Vigas Informalista (1959-1964), curada por Marek Bartelik en 2013. Esta tercera muestra reafirma el curso irreductible de este artista venezolano que bebió de múltiples y poderosas fuentes, sin sujetarse nunca al dictamen de ningún movimiento.

Como Rufino Tamayo en México, Oswaldo Vigas (1923-2014) siguió su propio camino desobedeciendo las tendencias predominantes y fusionó a su modo escuelas y tiempos a menudo irreconciliables, tanto como el mito y la historia, o lo arcaico y lo contemporáneo.

Como sólo él mismo, hizo con la abstracción geométrica lo que estaba asignado al expresionismo abstracto y persiguió el misterio del continente de su origen sin olvidar que todo lo arquetípico (lo lúdico, lo erótico, lo que habita en el territorio de los sueños) es materia de una geografía sin orillas.

En 1958, cuando llevaba seis años viviendo en París, y había pasado de sus primeras ilustraciones fantásticas para poesía, a las icónicas representaciones de sus brujas, poseedoras de un poder telúrico, y de ellas a las peculiares geometrías que incorporaban una gestualidad expresiva, sintetizó su biografía artística presente y futura con lucidez: “No he sido nunca rigurosamente abstracto ni rigurosamente figurativo. Lo que he sido siempre es rigurosamente Oswaldo Vigas”.

“Cuando llegué a París en 1952 –me dijo en una entrevista en 2013– habían pasado dos años desde el propio regreso de Alejandro Otero a esta ciudad y en París estaban Mateo Manaure y otros defensores del arte abstracto –fundadores de la revista Los disidentes–, pero yo no entré a ningún grupo”.

Geometría Lírica reúne 20 obras realizadas entre 1970 y 1973, un período especial en su obra, marcado por su retorno a Caracas a comienzos de esa década. Ocho de estas piezas son inéditas y enriquecen la comprensión de una obra “tan dada a las mutaciones de su visualidad poética”, como afirma Matos, quien cita en el catálogo la visión que Vigas sostenía del continente: “La América donde vivimos está poblada de señales y advertencias oscuras.

Signos telúricos, magia o exorcismos son componentes hondos de nuestra condición. Al mismo tiempo que nos revelan, estos símbolos nos sitúan y comprometen dentro de un mundo de efervescencias inquietantes”.

Este grupo de obras abstractas creadas con la voluntad de explorar una “geometrización de la sensibilidad” no ilustran mitos ni crean formas específicas de visiones mágicas: despliegan en cambio un lenguaje alentado por las fuerzas que los originan.

Se apartan al tiempo del llamado que siguieron la mayor parte de los movimientos de la abstracción geométrica en torno a crear un universo no referencial, no sujeto a ninguna realidad fuera de sí y sondean en la naturaleza de un continente que funde lo antiguo y lo nuevo.

Proponen, como sus reveladores títulos, una poética de formas abiertas a las interpretaciones: Profetizador, Mutante, Gestante, Sacrificante.

Estamos frente a una geometría híbrida en la cual está más presente la influencia de Wifredo Lam, la huella del surrealista pionero del expresionismo abstracto, Roberto Matta, y el mismo legado de la Escuela del Sur del Torres García, que el del cinetismo y otros movimientos de la abstracción geométrica del sur del continente.

Apartándose por completo del ascetismo de colores primarios que recomendara Mondrián y de los colores planos de los geométricos que fueron sus contemporáneos, Vigas pinta con óleos o acrílicos mezclados que incluyen naranjas, violetas, sepias, ocres, rosas, verdes, blancos manchados; usa líneas discontinuas a veces sugiriendo formas o tensiones orgánicas como en Cristo III (1973), y se permite –de un modo mucho más cercano al abstraccionismo lírico– la creación de campos emocionales entremezclando poliedros con conos, fragmentos de elipsis, formas tubulares y trazos abiertos.

En lugar de la estricta renuncia a la ilusión de la perspectiva que supone el predominio de la superficie plana, juega con superposiciones que poseen una función expresiva.

Apartándose de la búsqueda modernista de la investigación del color y de las propiedades perceptivas o de la correlación entre participación y movilidad del espectador, propone otras vías de conjunción para decir al continente de un modo propio. “América –solía decir– es un cosmos”.

Como afirma el curador Matos, en estas obras de Vigas hay una apertura hacia el espacio sociocultural. Tiene una necesidad imperiosa de traspasar la esfera formal y acoger desde la geometría –impura, contaminada– una expresión que sirva de signo y también de vía a la experiencia de vivir en el sur y decir la naturaleza híbrida de Latinoamérica.

Evocando su formación como médico y su experiencia en el mundo rural, donde se adentró “en los parajes más intrincados de la geografía venezolana”, como afirma el curador, Vigas conoció tanto “el imaginario desarrollista de las ciudades bajo la industria petrolera”, como “el poder expresivo de las mitologías y la idiosincrasia que configuran la cultura popular venezolana, incluyendo la riqueza del acervo precolombino”. Bajo la conjunción de ambas experiencias y de su propio carácter vivió –nos dice Matos– como jalonado por el mismo “deseo de lo neutro” que Roland Barthes advertía en la “vitalidad desesperada” de un Pasolini.

Una vitalidad que le permite “liberar al pensamiento de su costumbre y de su condena clasificatoria” y cumplir su deseo de ser hasta el fin “rigurosamente Oswaldo Vigas”.

De esa rigurosidad da cuenta esta exhibición singular que complementa un ciclo expositivo que demuestra hasta qué punto una galería puede y debe contribuir al conocimiento extenso de cada artista que representa.

“Oswaldo Vigas. Geometría Lírica”. Ascaso Gallery. 2441 NW 2 Ave. Miami, Fl 33127. Tels. (305) 571-9410 y (305) 571-9411. Abierta hasta el 28 de febrero. El Nuevo Herald