Migrantes por ahora sólo en la tierra pero pronto seremos interplanetarios

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Carmen Carrillo

Un poco más de 280 millones de personas, conforman la población migrante del mundo. Desde Los Tubazos, presentamos cinco artículos principales sobre el tema de las migraciones. En esta nota se hace como una especie de Editorial para sumar nuestro aporte a este problema. Para ello nos apoyamos en otros portales de noticias.

En América Latina, Venezuela; en el Caribe, Haití y los ciudadanos de los países centroamericanos, son en estos momentos quienes tienen la mayor cantidad posible de migrantes.

Al otro lado del mundo  África ha sido un continente de donde la gente ha huido y ha conformado permanentes migraciones, personas que abandonas sus países de origen para huir a Europa. A las que no les importa morir en el mar para no tener que morir en sus naciones.

En el medio oriente, Siria también se desangra por las fronteras pues los ciudadanos escapan de una guerra eterna.

Si los migrantes conformarán una nación, quizás sería una de las más grandes del mundo.

Pero ¿Por qué huye la gente de su país de origen? Unos lo hacen por razones políticas y otros por razones económicas. Son esos quizás los motores que impulsan a grupos humanos a escapar.

En algunos casos con lo que tienen puesto; en otros casos a caminar por vías y fronteras llenas de peligro, de “coyotes”, de cobradores de peajes.

Muchas veces los migrantes saltan de la sartén para el fuego porque quienes los están esperando los convierten en elementos que significan dinero.

Pasan entonces a formar parte de redes de trata de esclavos, de redes sexuales, de seres a los que se les pueden extraer los órganos y comercializarlos.

La imaginación no tiene límites cuando se trata de abusar de la buena fe de otros.

Mientras esto pasa en la vida real, en el mundo burocrático, los funcionarios de los organismos internacionales sólo ven cuadros con números, estadísticas, que alimentan informes con resultados en azul o en rojo, que les permiten solicitar más dinero para continuar en el mismo ritornello de no resolver nada, salvando quizás a unos pocos, para luego transformarlos en “espíritus de luchas” que continúan alumbrando el proceso de “eficiencia” de simples burócratas que no hayan como justificar sus sueldos.

En el mundo antiguo, los migrantes eran elementos que la mayoría del tiempo llevaban progreso allí donde llegaban.

Traían noticias de otras lejanías; ofrecían soluciones a problemas que ya habían sido resueltos en otras fronteras. Aportaban su fuerza de trabajo para construir nuevas y mejores sociedades.

En el mundo actual, los migrantes son considerados especies de embajadores de todo lo malo, de plagas, que van a consumir recursos, servicios, que van a hacer los trabajos más abyectos de la sociedad, esos que nadie quiere hacer, por un sueldo muy bajo.

Pero además, lo más importante, los migrantes son la demostración evidente que los sistemas económicos han fracasado absoluta y totalmente.

No puedes pretender vivir como en la película de Alán Parker, “Escape a Nueva York”, unos del lado afuera de unos inmensos paredones donde sólo hay desechos, basura, enfermedad y muerte.

Mientras del lado de adentro hay progreso, servicio,  vida, amor, salud, todas esas cosas que venden como la mayor suma de felicidad posible a la que todos tenemos derecho.

Los migrantes son el resultado de malas políticas económicas, en primer lugar. Todos los que huyen de sus países escapan buscando mejores condiciones de vida porque todos tenemos derechos a eso.

Otros huyen por razones políticas, razones que también son importantes porque el derecho a disentir, a pensar distinto, no debería ser un delito.

El mundo lo está haciendo mal, muy mal, los migrantes somos la prueba evidente y palpable de eso.

Acnur, OIM y tantos organismos dependientes de la ONU, de la OEA, de tantos burócratas conocidos y reconocidos sólo por esas siglas, se quedaron en el pasado.

La ola migrante actual los ha sobrepasado y no lo quieren admitir. Siguen actuando como consumidores de recursos para ayudar a los desplazados y los desplazados no se acaban. Los migrantes no desaparecen. Ni siquiera disminuyen.

Esos deberían ser elementos más que suficientes para hacerlos entender que lo que han hecho, hasta ahora, y siguen haciendo, no sirve para nada.

Deberían sentarse a pensar fuera de la caja. Hablar y escuchar a los migrantes y dejar de pensar en el dinero que pueden obtener. Deberían ser más humanos. Más trascendentes.

El mundo pareciera estar a las puertas de su destrucción y los migrantes como Jonás en las entrañas de la Ballena vamos de un lado a otro.

Hay que detener la riada de seres humanos que vagan por los caminos de la tierra buscando mejores condiciones de vida y para ello hay que replantearse de verdad cómo debe ser el progreso, el crecimiento económico y humano.

Si no lo hacen, entonces no tendrá sentido buscar nuevos planetas.  ¿Para qué? ¿Para tener migrantes interplanetarios?

 

 

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