Alerta, alerta, la “Espada Socialista” camina por América Latina

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Carmen Carrillo

En estos momentos en América Latina  el libro Las Venas Abiertas de Eduardo Galeano y la frase “Alerta, alerta, la espada socialista camina por América Latina”, son, el primero el betseller reeditado del momento y la segunda el estribillo que repiten todos aquellos convencidos que la izquierda no se equivoca mientras la derecha no sirve para nada. Por lo menos desde Río Grande hasta Las Malvinas.

Como en una especie de juego de dominó, cuyas fichas están alineadas y al golpear una punta, el efecto derriba la larga hilera hasta la otra punta, así ocurre en ese inmenso territorio que un visionario llamado Simón Bolívar (ya algo devaluado por el exceso de uso que se le ha dado en Venezuela), pensó en convertir en la primera comunidad de pueblos unidos y hermanos para enfrentar al “Gigante del Norte”.

En México el hijo del Chapo, El Chapito, acaba de asestarle un duro golpe al impoluto gobierno de izquierda de Andrés López Obrador.

Al parecer se había convenido con el gobierno norteamericano en entregar al heredero de ese pran del narcotráfico que es el Chapo Guzmán, hoy a buen resguardo en una cárcel del imperio hasta que la muerte se lo lleve.

Sólo que los delincuentes demostraron que el negocio del narcotráfico es tan rentable que les permite tener mejor y más armamento, incluso de última generación por lo que el Chapito se salvó.

No así el gobierno de AMLO que lleva su primer tiro en el ala. Como Carlos Salinas de Gortari y el caso del hermano que era el lobista del narcotráfico en su gobierno mexicano.

Luego en Panamá, su presidente trata de jugar al invisible para ver si sale indemne de esa fuerza arrasadora que viene bajando desde México hacia Centroamérica y que implica el uso de los recursos del narcotráfico.

Guatemala, Honduras, Costa Rica y Nicaragua luchan contra la corrupción en todos sus ámbitos.

En Colombia el paramilitarismo está desatado asesinando líderes sociales mientras el presidente Iván Duque trata de mantener un gobierno que enfrenta eso por un lado; por el otro el gobierno de las Farc bolivarianas y por el otro la migración de los venezolanos.

En Brasil, Jair Bolsonaro que es un mezcla de militar con evangélico, ¡Tremendo pasticho! se recupera de la cuchillada que la izquierda impulsó desde las manos de un ¿loco?

Ecuador se levanta de quince días de destrucción; Bolivia hace lo propio; Perú trata de salir del marasmo de la política y corrupción (no son sinónimos aunque a veces parecen).

En Argentina Mauricio Macri con un chiripero (con la desventaja que no consiguió a un Rafael Caldera)  insiste en tratar de seguir en gobierno.

Trata de llegar a segunda vuelta y sin ánimo de desprestigiar a las encuestadoras argentinas podría ocurrir, pues antes de Las Pasos, todas decían que Macri iba de primero en los números  y todos vimos lo que pasó.

En la calle la gente pide Laburo y tener llena la heladera pero eso no lo ha escuchado nadie, ni los Fernández.

Seguimos bajando por la hilera de dominós y llegamos a Chile, el buque insignia de la prosperidad financiera de acuerdo a la publicidad y a la propaganda en el mundo.

¡Oh sorpresa! Revienta una protesta porque hay una gran desigualdad social. El paraíso financiero parece que sólo lo es para unos pocos. El resto pasa trabajo para llegar a fin de mes.

Dejo de último a Venezuela porque ese es un caso atípico. Allí sí se pasa necesidad en serio. Allí los precios de los alimentos y medicamentos están dolarizados. No hay seguridad.

El gobierno te expone a la humillación de monitorear la entrega de alimentos previa presentación del carnet de la patria (modelo de la cartilla de racionamiento cubana, pero en tiempos informáticos y con la posibilidad de un negocio para el que hace las cédulas alimentarias).

Si no hay carnet no te dan la cajita de comida con arroz 100 por ciento grano partido; leche hecha con cal y talco; atún en trozos microscópicos y posiblemente puro plástico; azúcar traída de los ¿Ingenios cubanos?; café que sabe a palo y a tierra; harina de maíz que parece cola para pegar afiches; espagueti buenísimo para hacer chicha; aceite de palma excelente para el colesterol, entre otras cosas.

Pero nadie protesta. Nadie.  La gente va como en 1984 de Orwell en filas de zombies o de ganado a buscar su alimento mientras sus rostros son máscaras cetrinas y sus ojos ya no tienen la chispa de la vida.

Pero no importa. Somos felices.

Habrá quienes digan que si hubo protestas que le costaron la vida a más de 300 personas desde el 2012 hasta el 2018.

¿Fueron protestas o actos de extorsión usando a gente inocente? de parte de una oposición peor mil veces que el gobierno y hay que echarle bola para ser peor que el gobierno, ni Jaime Lusinchi, pues, fue tan malo y eso que el gobierno era al mismo tiempo el partido.

En todos los lugares donde ha habido protestas, con la excepción de Nicaragua y Venezuela, los modelos económicos aplicados son liberales mientras los países se mantienen con estructuras políticas del tiempo cuando Felipe II se recluyó en El Escorial.

Es decir tratas de encajar un triángulo en una figura con forma de óvalo.

En América Latina vivimos nuestro siglo de oscurantismo. La peste, el hambre, la falta de trabajo, de solidaridad, recorre ese territorio donde está la mayor reserva de biodiversidad, de agua, de metales, de materia prima y posiblemente de gente.

Los imperios contemplan con algo de preocupación lo que ocurre pero no hacen mucho, más allá de donar dinero para atender por ejemplo la crisis de migrantes venezolanos que ha superado a la de Siria y ese país está en guerra.

El donativo se ha convertido en un negocio para  particulares y países. Brasil, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela son los beneficiarios, no la gente.

Pero no importa estamos pagando un poco de tranquilidad de conciencia, algo así como ¡Ya yo ayudé!

La tercera guerra (o la cuarta o la quinta) ya comenzó. América Latina es el territorio de esa lucha. ¿El mundo se salvará si a nadie le importa lo que aquí sucede? Tendremos que esperar. Se escuchan predicciones.