Casa por cárcel

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Reinaldo J. Aguilera R.-El término que sirve de título a la presente columna siempre ha estado asociado al aspecto penal del derecho, más aún, al beneficio que se otorga a alguna persona de cumplir una pena restrictiva de libertad, pero en su casa en vez de una institución correccional, pero en ésta oportunidad no es precisamente así.

Años atrás, con mucha seguridad, solíamos escuchar de casos como robos, hurtos, secuestros y otros delitos, fuera de nuestro ámbito de desenvolvimiento normal, lejos de nuestro día a día; luego con asombrosa rapidez esos delitos ya no eran tan lejanos y para colmo, cosas que antes le sucedían a personas desconocidas por nosotros en otras ciudades, pasaron a suceder en las nuestras, luego en nuestras urbanizaciones, en nuestras cuadras y finalmente hasta en nuestras propias casas y a nuestros familiares cercanos, es decir, el circulo se fue cerrando hasta que nos llegó el turno a nosotros.

Tal es la situación, que me atrevería a decir que son muy pocas las personas que pueden en este momento tan trágico que en materia de inseguridad que se vive en nuestra Venezuela, que consigan afirmar el no haber sido víctimas de algún delito, sea cual sea, para no entrar en detalles.

Algo que no era tan común pasó a ser el pan nuestro de cada día, cada vez que un hijo, familiar o amigo sale del hogar, se le despide y simultáneamente se le indica que por favor avise al llegar al sitio de destino, para saber que se encuentra bien; cosas como estas suceden a diario en la mayoría de hogares de todo el territorio nacional.

Lo peor de todo lo que viene aconteciendo, es que no hay cuerpo de seguridad que pueda contra el avance desmedido del hampa en el país, inclusive los ciudadanos no sabemos quién es más peligroso si el delincuente o aquellos que están llamados a proteger y servir.

A propósito de lo que les venimos relatando, vale la pena recordar lo ocurrido hace poco más de 1 año, un miércoles Santo, en la zona de El Cementerio en la ciudad de Caracas, cuando una “Banda” que controla la zona, asesinó y quemó a un oficial de la policía de Caracas y también a su hijo por querer evitar el crimen, un hecho simplemente terrible.

Con este tipo de acciones, aparte de  dar temor al ver a los cuerpos policiales pidiendo apoyo a otras fuerzas del orden por que los delincuentes poseían armamento de guerra y no se daban abasto, lo que da es una profunda indignación y preocupación, porque nos damos cuenta del estado de indefensión en el cual nos encontramos los simples ciudadanos, frente al avance de la delincuencia.

Ante la delicada situación nos damos cuenta perfectamente que el estado venezolano, como responsable de las políticas públicas en materia de seguridad no tiene capacidad de acción, no se ven mejoras en ningún área, por el contrario todo empeora con el paso de los días; estando en el ojo del huracán, como que al mal gobierno se le olvida que la seguridad ciudadana de un país, es un derecho humano, intransferible e irrenunciable y sin embargo aun así no le presta atención a la crítica situación que vivimos a diario.

Esto no se trata de un problema político, es un asunto de sentido común y es necesario unir esfuerzos realmente en serio, para atacar de fondo el asunto y buscarle solución al problema; la irresponsabilidad es de tal magnitud, que  ante los señalamientos hechos en este ámbito por  expertos policiales, el régimen alimenta la matriz de opinión de que “La inseguridad es una sensación y no es real”, se nota mucho quiénes cargan un contingente de guardaespaldas; pues allí está la sensación, estamos rodeados como en las películas sobre la Segunda Guerra Mundial o quizás peor.

Al lograr salir de lo trágico que ha sido el experimento del “Socialismo” y ante el creciente flagelo delincuencial, es imperioso que se trabaje en equipo, algunas experiencias en prevención del delito señalan que hay que enfocarlas en la participación comunitaria y en tal sentido, ésta tiene que ser considerada como eje de las acciones que se emprendan  para mejorar la seguridad.

El interés no debe ser solamente de los llamados a dirigir las políticas preventivas, tiene que abrirse la participación de la comunidad en todos los niveles de las políticas públicas (en asuntos económicos, sociales, administrativos y políticos) y la prevención del delito es una de ellas.

La prevención del delito engloba una amplia diversidad de enfoques para tratar de atajar el problema antes de que ocurra, tales como:

  1. Promoción del bienestar de las personas, fomentando el comportamiento favorable en la sociedad, aplicando medidas sociales, económicas, sanitarias y educativas, haciendo hincapié en los niños y jóvenes, evitando así los denominados factores de riesgo relacionados con la delincuencia y la victimización.
  2. Modificación de las condiciones existentes en las zonas de bajos recursos y vecindarios que influyen en la delincuencia temprana.
  3. Implementación de medidas para prevenir el delito, reduciendo las oportunidades de que se cometan, aumentando así el riesgo para los delincuentes de ser detenidos por las autoridades.
  4. Prevenir la reincidencia proporcionando asistencia para la reintegración social de los delincuentes y otros mecanismos preventivos (programas de reintegración).

No es fácil, tenemos por lo tanto que buscar aliados e incluso apoyo internacional con expertos que aporten soluciones ya comprobadas, el asunto de la delincuencia es algo de salud pública, que tiene que sacarse del ámbito político para ser tratado como lo que es, un asunto de todos, en el cual tiene que haber participación de la mayor cantidad de sectores que se pueda, para aportar soluciones efectivas.

Como toda decisión de interés público, con seguridad muchas acciones estarán sujetas a restricciones presupuestarias y también técnicas, pero ante la barbarie que en Venezuela estamos viviendo en materia de inseguridad, el futuro gobierno tendrá y está obligado a priorizar y decantar sus ámbitos de acción e intervención.

No podemos permitir que el circulo se continúe cerrando, obligándonos a estar como prisioneros en arresto domiciliario casi permanente, por lo tanto hay que actuar de inmediato, para luego es tarde.

Para culminar, deseo dejar unas palabras de reflexión que dijera el Papa Francisco cuando visitó México y señaló que: “El problema de la seguridad no se agota solamente encarcelando, sino que es un llamado a intervenir afrontando las causas estructurales y culturales de la inseguridad, que afectan a todo el entramado social”; todos estamos llamados a contribuir, para recuperar los espacios que la delincuencia y la inseguridad nos han arrebatado, para que de este modo logremos mejorar como sociedad y como país.

No se puede volver a atrás con lo que hasta ahora ha sucedido, pero si se puede abrir una puerta para tener un mejor futuro que además muchos queremos y merecemos, así de simple y sencillo.

@raguilera68/@AnalisisPE