Cualquier parecido es pura coincidencia

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Carmen Carrillo

Siempre que leemos en las series de televisión la expresión: Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, se genera en nuestras mentes curiosidad porque significa que podría ser cierto lo que allí se cuenta o que es cierto y todos se están cuidando de alguna demanda.

Algo así llega a mi mente cuando por curiosidad le pregunté al hijo de unos inmigrantes cubanos que residen en Miami, cómo fue vivir la huida de Cuba y comenzar de nuevo en otra parte.

Y cuándo perdió las esperanzas de regresar a su país y dejó de creer en quienes se rasgaban las vestiduras defendiéndole sus derechos del régimen castro comunista.

La historia es como sigue y repito: Cualquier parecido con la realidad de Venezuela es pura coincidencia.

Cuando Fidel Castro bajó de la montaña e hizo huir al dictador Baptista quien tenía convertida a Cuba en el lupanar del Caribe sobre todo de la mafia que operaba en Estados Unidos, nadie se imaginó que quien fue ayudado por los gringos para salir del dictador, al final diera un salto mortal y cayera parado del otro lado de la Cortina de Hierro, justo en la Unión Soviética.

Comenzó entonces todo un proceso de implantación de un sistema económico que no funcionó en la Unión Soviética pero que fue la vía rápida para llevar a Rusia y a los países satélites a la edad industrial porque para 1914, cuando los zares rusos, aún estaba en etapa preindustrial y claro era obvia la desventaja con respecto a Europa y a América del Norte.

Se aplicó el librito, expropiaciones, huidas de familias, divisiones familiares, en fin, salió toda la clase media y clase media alta de Cuba y quedaron los que siempre habían sido pobres. Con Baptista y con Fidel.

La clase media y media alta llegó a Miami, la mayoría.

Entre esos que huían estaba el cuñado del presidente Fidel Castro, Rafael Díaz Balart. Fidel  estaba casado con Mirtha Díaz Balart.

A Rafael Díaz Balart la rabia de saberse fuera de su país y del gobierno  lo consumía por lo que junto a otros dirigentes políticos de la resistencia que estaban en Miami formaron un gobierno interino y se designó un presidente interino: Rafael Díaz Balart.

También se contó con los ministros, del Trabajo, de Economía, embajadores, una Corte Suprema de Justicia, un Fiscal, un Procurador, todos los cargos públicos de Cuba pero en el exilio que fueron ocupados por personajes en el exilio.

Uno de esos que se convirtió en un hombre muy poderoso fue Jorge Mas Canosa, quien fue subsecretario del interior.

Algo así como Julio Borges en el gobierno paralelo del “presidente interino” Juan Guaidó.

Mas  Canosa en 1981 y con el apoyo de Ronald Reagan, otro republicano como Donald Trump, creo la Fundación Nacional Cubano Americana a través de la que canalizó toda la ayuda humanitaria posible para enfrentar la dictadura de Fidel Castro y acabar con ese gobierno y regresar triunfadores a Cuba.

Se calcula que Mas Canosa a través de esa fundación en más de 30 años recibió por lo menos 10 mil millones de dólares. Aportes de empresarios, del gobierno norteamericano, de gobiernos europeos, de los mismos cubanos en el exilio.

Fue tanto el dinero que el funcionario de Díaz Balart llegó a materializar que logró convertirse en un importante empresario de la construcción y prácticamente levantó toda la famosa calle 8 de Miami.

Wikipedia recoge una serie de hechos de Mas Canosa como  que paralelamente continuó preparando “audaces” planes contrarrevolucionarios (por ejemplo, la adquisición de un B-26 para bombardear las refinerías de petróleo en la Isla), aunque siempre preservando su presencia en cualquier acción que implicara riesgos físicos.

La Fundación Nacional Cubano Americana apoyó durante la década de los ochenta a la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA) y al Frente de Liberación Nacional de Angola (FLNA), organizaciones opositoras al gobierno de Angola, así como al FDN y ARDE, movimientos para derrocar al gobierno Sandinista de Nicaragua.

En 1985, Mas Canosa fue responsable de la fuga del terrorista Luis Posada Carriles de una cárcel de máxima seguridad en Venezuela, donde cumplía condena por ser autor intelectual de la explosión de un avión cubano en pleno vuelo (Crimen de Barbados) que ocasionó la muerte a 73 personas.​

En marzo de 1997 explotaron las primeras bombas en hoteles de La Habana.

Inmediatamente, la Fundación Nacional Cubano Americana hizo un reconocimiento público de tales hechos; el mensaje que un grupo de directivos envió a la prensa no pudo ocultar su verdadera esencia terrorista.

Estos confiaron en que nunca se descubrirían a los ejecutores materiales, ni los intelectuales, ni a quienes pagaron por hacerlo.

La historia es más larga pero quise dejarla hasta aquí para que entendamos lo que estamos viviendo en Venezuela.

Nadie va a invadir el país, aunque eso sea lo que quieran los radicales alentados por la oposición.

El gobierno de Maduro no va a mejorar las condiciones de vida de los venezolanos, eso no le importa.

El “gobierno interino” de Juan Guaidó es sólo una fantasía, pero no es fantasía la realidad de Cuba y de Venezuela.

En Cuba tienen más de 60 años muriendo de mengua y en Venezuela vamos por 20 años.

Conclusión: Por allí  no es. No resultó en Cuba y no resultará en Venezuela.

Sólo  nosotros mismos saldremos de la realidad que vivimos, que ya uno no sabe si sería igual de horrible, con o sin el bloqueo.