El día que cayó la “perrera” desde el puente sobre el río Caroní

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Carmen Carrillo

Serían las cuatro de la tarde de un aburrido sábado de julio cuando por la radio policial se escuchó a un funcionario decir: Cayó una camioneta de pasajeros  por el puente viejo.

Comenzó entonces una  carrera de terror. El teléfono no dejaba de sonar y un amigo preguntaba: ¿Es verdad que se cayó una perrera por el puente?

Si vale, le contestaban de este lado y el hombre angustiado decía, allí iba Josefa, la señora que plancha en la casa, la acabo de dejar en la parada y la vi cuando se subía a la camioneta, repetía. ¿Cómo se lo digo a mi mujer?

Mientras tanto la noticia daba vueltas por la ciudad. El morbo subía y la gente se subía a sus vehículos para llegar al sitio y mirar. Quien quita a lo mejor conocían a alguien.

Debajo del puente volaban raudas las lanchitas. El tipo que tiene nombre de ex presidente y que es ex presidiario porque mató a la novia que lo quería dejar, siendo él casado y evangélico, dirigía la flota de remedos de botes o de canoas con motor hacia el lugar en el que cayó la camioneta; algunos cuerpos comenzaban a subir solos.

De pronto se oye un grito: Aquí hay uno vivo y hacia allá navegaron los rescatadores.

Se trataba de un joven muy largo, flaco y alto. Quizás eso lo salvó. El río no se lo tragó porque no le supo a nada.

Las burbujas seguían saliendo en el lugar donde había caído la unidad de transporte pública que la gente apodó perrera debido a que parecen transporte para perros.

El agua en ese lugar estaba más oscura de lo normal, claro el fondo estaba agitado y arrojaba hacia arriba baba.

Desde el Club Náutico arrancaron varios voluntarios en sus modernas lanchas, cuyos cascos plateados brillaban bajo el sol de la tarde que iba cayendo.

Arriba el puente estaba congestionado de curiosos.

La gente hablaba y gesticulaba y hacía señas y miraba y miraba con saña, tratando de descubrir desde una altura de 14 metros hasta una profundidad de 14 metros más, el vehículo que de pronto estaba sobre la vía y que desapareció llegando a la esquina del puente, entrando a San Félix.

Como si la naturaleza estuviera en contra de esos seres que cayeron en la camioneta al agua, la luz del sol se apagaba rápidamente y los rescatadores tenían que marcharse porque ya no se veía nada, pero alguien aseguraba, no se sabe por qué, que en la camioneta iban puras mujeres y como cuatro niños entre esos dos bebes.

La lógica es: ¿Si nadie quedó vivo cómo saben cuántos iban y quiénes eran?

No se crean que el muchacho largo, flaco y alto que el río escupió se salvó. No. Murió o del golpe o ahogado pero no está para contarlo.

La ciudad se marchó a dormir con la sensación terrible de que unos seres murieron sin que nadie pudiera hacer nada.

Al día siguiente en el video del moderno sistema de cámaras con el que cuenta la ciudad se observa una parte de la historia.

La camioneta, llamada perrera por la gente, por las condiciones lamentables  en las que se traslada a las personas,  llevaba exceso de pasajeros.

Además de las damas y los menores que iban adentro junto con el chofer, afuera iban guindando, literalmente, cinco hombres, uno de ellos es el flaco que escupió el río.

Cuando iban llegando a la esquina del puente para tocar los terrenos de San Félix, explota un caucho, seguramente por el sobrepeso porque se dice que esa camioneta llevaba 700 kilos de peso, para lo que no estaba diseñada.

Explotar el caucho y voltearse el vehículo fue una sola cosa. El detalle era que iba justo al lado de la orilla sin barandas de protección que debería tener el puente  y por allí cayó.

Los que iban adentro sólo tuvieron tiempo de expresar, seguramente digo yo, Dios mío, y luego se encontraron de frente con las aguas oscuras donde se unen los ríos Orinoco y Caroní. No hubo más nada. Digo yo.

Al final y después de dos días, parece que rescataron a todos los cadáveres.

Efectivamente la mayoría eran mujeres y había varios niños.

La camioneta también fue extraída de las entrañas del agua. No tenía caucho trasero izquierdo, tal y como revelara, el moderno sistema de cámaras con los que cuenta la ciudad, a Dios Gracias, por la genuina preocupación de nuestros gobernantes que sienten que es más importante tener ojos para vigilar que rejas para cuidar.

No he escuchado que nadie haya demandado al ayuntamiento pero si alguno de ellos hubiera sido familia mía, en este momento estaría conminando a los sobrevivientes a que lo hicieran, para sacar unos reales y ver si es posible poner preso al “hijo de puta” que debió ocuparse de que el puente que une a Puerto Ordaz con san Félix, tuviera sus barandas completas.

 

 

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