El efecto Guaidó

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Benigno Alarcón/

En un reciente estudio nacional de opinión realizado por el Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la Universidad Católica Andrés Bello (CEPyG-UCAB), y cuyo campo fue desarrollado por la empresa de estudio de opinión Delphos entre el 17  y el 30 de mayo hemos encontrado que se mantiene un margen amplio de apoyo al liderazgo de Juan Guaidó, así como a la posibilidad de una solución pacífica y electoral.

Según nuestro estudio, la oposición ha tenido una franca recuperación a partir del ascenso de Guaidó a la presidencia de la Asamblea Nacional y luego a la Presidencia Interina, pasando de menos algo menos del 30% a finales del año pasado a casi la mitad de los venezolanos (45% de la población).

Si desglosamos lo anterior, aquellos que apoyan mucho a la oposición representan el 24%, y aquellos que apoyan algo a la oposición  21%.

Luego, un cuarto de la población apoya al gobierno (25%), y de este grupo, la proporción de aquellos que apoyan mucho al gobierno es de 13%, y la que apoya algo al gobierno es de 12%.

El resto, es decir, un tercio de la población, no apoya a ninguna de las dos partes del espectro político, lo que no quiere decir que sean indiferentes o no tengan posición política, sino que por el contrario, sus posiciones y preferencias se alinean en gran medida con las de la oposición y apoyan mayoritariamente el liderazgo de Guaidó, que puede sumar al menos un 56%.

Lo que podríamos definir como ¨El Efecto Guaidó¨ ha tenido su principal manifestación en un aumento muy significativo en la esperanza sobre un cambio político que paso a un 50,6% tras haber estado en 39% en nuestra medición de noviembre pasado.

Otros datos que no deben pasarse por alto son aquellos que apuntan hacia una posible escalada del conflicto en un entorno en el que el uso de la violencia externa o interna comienza a sumar adeptos.

En este sentido, destaca que ante un escenario en el que Guaidó no tiene éxito en su proyecto democratizador aumentan significativamente el apoyo a las salidas de fuerza, externas o incluso internas, lo que incluye la disposición a armarse para luchar, que ya hoy en día está en 10% y se eleva a casi 16% en el caso de que Guaidó sea sacado de alguna forma de la escena política.

Asimismo, la tendencia migratoria continua muy sólida, lo que representa hoy en día algo más del 10% con el potencial para incrementarse a un 17% en caso de que las expectativas de cambio se reduzcan o Juan Guaidó se vea obligado a abandonar la lucha.  Ambas tendencias, aunque opuestas arriban a una misma conclusión: La impaciencia por un cambio político va en aumento.

El eje principal de este estudio se centró en las preferencias y expectativas sobre un posible desenlace del conflicto político en Venezuela, encontrándose que casi la mitad de la población venezolana (48,6%) quiere unas elecciones como forma de desenlace, mientras que un 21,4% de los entrevistados prefiere una intervención militar militar liderada por los Estados Unidos, y un 15,2% se situó entre los que prefieren un acuerdo entre la oposición y el gobierno.

La alternativa que refleja la continuidad de Maduro en el poder es preferida tan solo por el 9,1%. En sentido opuesto a la preferencia por una intervención extranjera, la salida de fuerza ejercida por militares venezolanos es la alternativa menos deseable con apenas un 5,8%, lo que se explica por una importante caída muy importante en el prestigio de la institución a armada, cuyos niveles de confianza siguen la misma suerte y el patrón descendente de la confianza en el gobierno, al confundirse fuerza armada y gobierno como lo mismo.

Cuando pasamos de lo que la gente quiere a lo que cree, encontramos algunas diferencias notables.

Es así como una proporción menor (35,3%) cree que un desenlace electoral es posible; mientras que las expectativas sobre una intervención se mantienen prácticamente iguales (23,1%).

La opción de la continuidad de Maduro en el poder toma fuerza en términos de expectativas al ubicarse como tercera opción con el 21,8%, lo que debe verse con preocupación, mientras que las opciones del pacto y del golpe militar mantienen el mismo nivel, o sea 15% de la población cree que la resolución del conflicto resultará en un pacto y el 4,8% cree que el conflicto concluirá en un golpe militar, lo que reafirma nuevamente la percepción sobre la identidad entre gobierno y fuerza armada.

Estas mediciones demuestran que la gran mayoría de los venezolanos prefieren una salida pacifica y electoral sobre cualquier otra alternativa de solución al conflicto, aunque comienza a darse un apoyo creciente a las salidas por la fuerza, como una intervención militar extranjera, incluso como segunda alternativa para quienes la primera es la electoral, al mismo tiempo que comienza a crecer el apoyo hacia aquellos que abogan por armarse para luchar contra el régimen.

Asimismo, es importante comprender que la salida del conflicto implica no cualquier cambio, sino la salida de los actores del régimen del poder por una elección o por una intervención, por lo que aquellos desenlaces que implican continuidad de todos o algunos actores identificados con el régimen, bien sea por una negociación, el triunfo de Maduro sobre la oposición o un golpe de estado, tienen menores niveles de apoyo.

Esta situación implica que, para la mayoría de la población, la resolución del conflicto pasa por un cambio de gobierno, negociado o no, y no por ninguna otra alternativa que implique el mantenimiento de statu quo.

Situaciones análogas a ésta son por las que algunos gobiernos, como el de Chile, Sudafrica, Ghana y España, prefirieron negociar las condiciones de una transición política  mientras aún tenían el poder para evitar la incertidumbre de una escalada del conflicto, siempre impredecible por la inestabilidad de las coaliciones en momentos de descapitalización política.

Las expectativas y la credibilidad sobre las oportunidades para materializar un cambio pacífico y democrático siguen aún en pie,  pero no por mucho tiempo, y dependen en buena medida del Efecto Guaidó.

Juan Guaidó representa hoy la esperanza de una solución al conflicto político y su liderazgo es el más importante de los que ha logrado posicionar la oposición hasta el presente momento, estando su nivel de confianza y de apoyo a niveles iguales a los que tuvó Hugo Chávez en sus mejores momentos.

La no materialización de un cambio político en el corto plazo o cualquier acción del régimen que busque abortar estas expectativas, tal como sucedería en el caso de una acción contra Guaidó generaría de manera automática la perdida de la esperanza en torno a una salida política y un incremento en el apoyo a un desenlace violento ejecutado por fuerzas extranjeras y, de no ser posible las primeras, a las iniciativas violentas ejercidas por actores locales, al tiempo que dispararía una nueva ola migratoria mayor a la que hemos tenido hasta hoy en día.