El escándalo sexual que avergüenza a Francia

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ABC de España.-Con varias décadas de retraso, Francia descubre, horrorizada, que las más altas jerarquías de los deportes de hielo, varios ministros y varias familias conocían los reiterados abusos sexuales de tres entrenadores sobre numerosas pupilas y estrellas del patinaje artístico nacional.

La Fiscalía del Tribunal de París ha abierto una investigación oficial, a instancias de la ministra de Deportes, Roxana Maracineanu, que también ha pedido y conseguido la dimisión inmediata de Didier Gailhaguet, presidente de la Federación Francesa de Deportes del Hielo (FFSG). La dimisión de Gailhaguet, la tarde del sábado, solo es el preámbulo de un proceso previsiblemente largo, crudo, con flecos devastadores.

Cuatro patinadoras de élite, Hélène Godard, Sarah Abitbol, Anne Bruneteaux y Bátrice Dumur, acusan directamente a tres entrenadores y viejas «estrellas» del patinaje artístico francés, Gilles Beyer, Jean-Roland Racle y Miche Lotz, de agresiones sexuales y violación en varios casos, durante los años 70, 80 y 90 del siglo pasado, cuando ellas tenían entre 13 y 15 años.

 

En el caso de Hélène Godard, sus padres sí tuvieron noticia de los abusos sexuales que sufría su hija, víctima del acoso de otro entrenador, Jean-Roland Racle, que se sobrepasó en numerosas ocasiones cuando ella tenía 13 y 14 años. Cuando Godard contó a su madre que su entrenador abusaba de ella, en la bañera de su casa, la madre le dijo: «Nena, no vamos a presentar ninguna querella. Te marcharás, lo dejarás. Y nadie sabrá nada. Es mejor así».

Ducha compartida

Anne Bruneteaux cuenta cómo otro entrenador, Michel Lotz, la perseguía en los vestuarios y terminaba invitándola a «visitarla», en su casa, cuando su esposa se ausentaba. A solas, el entrenador la invitaba a «compartir» la ducha, «sugiriéndole» que lo «acariciase» con la boca. Cuando ella intentó escapar la persiguió hasta un parking, donde la madre de otra joven patinadora la encontró sola, por el suelo, llorando, con la ropa íntima destrozada.

Béatrice Dumur cuenta historias similares del mismo Lotz, comentando: «Tenía miedo. Nuestro entrenador era un personaje muy respetado en la Federación. Nuestros padres lo apreciaban. Me sentía sola e incapaz de oponerme a la presión de todos. Todos sabían. Pero nadie salía en nuestra defensa».

Ninguno de los entradores acusados niega los hechos. Beyer da a entender que se trataba de relaciones «consentidas», olvidando que se trataba de relaciones con menores de edad, sometidas a la «presión» de personajes muy influyentes.

Sarah Abitbol, que fue la primera en denunciar el acoso que sufrieron ella y otras compañeras, estima que «todavía quedan muchas cosas por contar», agregando: «Ha dimitido el presidente de la Federación… Bueno… queda por limpiar toda la Federación, donde siguen, escondidos, amigos y cómplices de un sistema podrido. Hay muchos personajes que sabían, callaron y nos presionaron a nosotras y a nuestros padres».

Hace poco menos de veinte años, en 2001, los padres de una joven patinadora presentaron una denuncia y querella contra Gilles Beyer, uno de los campeones y entrenadores implicados en el escándalo. Las acusaciones llegaron al Ministerio de Deportes, pero las investigaciones policiales y administrativas se «perdieron» en un dédalo administrativo, sin consecuencias. Diecinueve años más tarde, el escándalo se propaga como una mancha de pantanosa podredumbre.

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