El nuevo negocio de Puerto Ordaz: El bachaqueo de gasolina

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Horas y horas en una cola para cargar el tanque de gasolina en el vehículo y debo regresar sin poder hacerlo.

Menos mal que siempre trato de mantener un cuarto de tanque. Antes lo tenía siempre un poquito por encima del medio tanque, cuidando la bomba de gasolina, ya que según los mecánicos y el manual del automóvil, es lo correcto para evitar que la bomba se dañe.

Pero como es que mentira porque con esta nueva realidad siempre es un cuarto de tanque y la bomba sigue bien.

Tendré que esperar hasta la semana próxima por lo tanto no podré mover el carro mucho, si acaso, unas tres veces de aquí al próximo jueves.

Menos mal que los muchachos no están yendo al colegio y la suegra sabe que si se viene no se podrá ir a la casa, por lo tanto no viene porque no puede dejar la casa sola porque se le meten y se llevan hasta las latas para recoger el agua.

Cuando entro la mujer me ve la cara y sabe que no puse gasolina y me dice: No te preocupes, ya te voy a resolver el problema.

Toma el celular y llama a Graciela y comienza un regateo por teléfono, hasta que acuerdan un precio. Cierra el teléfono y me dice, espera en la ventana de la sala ya te traen la gasolina pero te cuesta 20 dólares y son 13 litros.

Yo la miro sorprendido y le digo: Y si podías resolver ¿Por qué me hiciste hacer la cola? Ella se ríe y me dice: “Para descansar de tu mal genio un rato” y se ríe dejándome en el pasillo de la casa con cara de “No puede ser”.

Me voy a mirar hacia la calle por la ventana de la sala y llega una camioneta de las más nuevas, no de este año, pero si de por lo menos dos años, o sea, aun es nueva. Se baja un tipo y mira hacia la casa. Le hago señas por la ventana y viene hacia la puerta de entrada.

Salgo y me dice: “Rápido hermano porque este es un oficio peligroso”. Le abro la puerta y vamos hacia el garaje y con la llave en mano abro la tapa del tanque.

El hombre saca un embudo con una forma de pala que encaja en la boca del tanque. Lo coloca y me dice aguántalo bien mientras echo la gasolina, cosa que efectivamente pasa.

Cuando termina le pone la tapa a la pimpina y me pide los 20 dólares. Los saco del bolsillo y se los doy. Me dice, un placer hacer negocio. Toma mi número, me dice mientras me da su tarjeta,  me mandas un mensaje y yo vengo.

Yo aun no salgo del impacto. Atino a preguntar: ¿Hermano y cuánto tiempo tienes tu en esto? Me mira y se ríe y me dice ¿Qué eres policía?

Le respondo: No chico, es que esto es peligroso, lleva trabajo comprar la gasolina, ponerla en las pimpinas, guardarlas y luego salir a llevarla a las casas.

El tipo me mira y me dice: “Este es el nuevo negocio en Puerto Ordaz, todo el mundo tiene gasolina bachaqueada en su casa, ¿Por qué cómo justificas que si no hay nada abierto, no hay nada que hacer porque no hay trabajo por la pandemia, cuando el gobierno anuncia que va a vender gasolina en las estaciones de servicio, se hacen unas colas kilómétricas?

Me quedo en el sitio mientras lo veo salir por la puerta. La cierra. Abre la puerta trasera, mete la pimpina, la cierra, se despide y se sube a su camioneta y se va por la vía de lo más tranquilo.

Y yo haciendo cola como un estúpido cuando cualquiera de mis vecinos podría venderme gasolina porque la tiene en su casa, digo en voz alta.

Me escucho y me respondo: Ok, me puedo morir en cualquier momento porque cualquiera de mis vecinos tiene bombas de gasolina en su casa.

Si nos descuidamos, esto será lo normal

No es solo el gobierno el que no sirve,  no señor. Aquí estamos todos echados a perder. Eso mismo debe pasar en todas partes. No importa cuantos tanqueros manden, nunca será suficiente.

 

 

 

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