Elecciones EEUU: Máxima tensión en una histórica jornada electoral

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Los estadounidenses acuden hoy a las urnas en un clima de división social que puede degenerar en violencia. Biden, como favorito con ocho puntos de ventaja frente a Trump
Máxima tensión en una histórica jornada electoral .

elmundo.com.-En las elecciones de hoy, lo más probable es que Biden obtenga en Arlington todavía más votos que Clinton. También es casi seguro que el candidato demócrata va a ganar el voto popular, y que lo hará por mucho más que Hillary.

Si en 2016, Clinton logró 2,7 millones de sufragios más que Trump, en 2020 la diferencia podría ser del doble. Pero, en el sistema electoral estadounidense, eso no significa nada. Los 7 u 8 puntos que Biden lleva de ventaja a Trump pueden ser irrelevantes si el presidente se impone en los estados decisivos.

Es cierto que Biden lleva ventaja en todos ellos. Y es cierto que Trump tiene que defender territorios como Ohio, Texas y Georgia en los que arrasó en 2016. Pero si hace cuatro años el presidente logró, en una carambola, ganar todos los estados dudosos, ¿por qué no va a poder hacerlo ahora?

Ése es el temor de la campaña de Biden. Según fuentes conocedoras de la situación contactadas por este periódico, el equipo demócrata no descarta que Trump gane, pese a ir por detrás en todos los sondeos.

La abstención negra e hispana podrían ser claves, sobre todo en el decisivo estado de Pensilvania. De hecho, los demócratas tienen más confianza en que las mujeres de clase media y los ancianos, que apoyaron a Trump en 2016, le retiren su apoyo, a que las minorías voten por Biden.

Y, entretanto, los ciudadanos se arman. Demócratas y republicanos. Dada la composición demográfica de Arlington, la mayoría de quienes entran en NOVA Armory lo hacen para defenderse de los republicanos.

O de los blancos. O de la policía. O sabe Dios de quién. «Con las elecciones, con lo que está pasando, y con el momento histórico en el que vivimos, la gente tiene que protegerse. ¿De qué? Yo le digo a todo el mundo: ‘Mejor que tengas algo para protegerte y que no tengas que usarlo a que necesites protección y no tengas con qué lograrla'», explica Joseph, un afroamericano veterano de guerra que ya tiene varias armas semiautomáticas y va con su hermano Charles a comprar balas.

Porque lo que la gente compra es, más que armas, balas. «Somos de las pocas tiendas de la zona que todavía tienen munición en el almacén», declara Poulin. Ésa es una característica de Estados Unidos. Cada vez que hay una crisis, la gente compra todas las balas que puede. Al menos, en eso no ha cambiado el país.

En la región urbana de Washington, el temor a la violencia procede de las organizaciones de izquierda. En otras partes del país, de las de derecha. Ahí juega un papel fundamental Donald Trump. El presidente está llevando a cabo un sprint formidable al final de la campaña, idéntico al que hizo en 2016.

Cinco mítines en tres estados en un solo día. Y, a veces, incita a la violencia. El domingo, en Carolina del Norte, Trump hizo algo que no hacía desde hacía cuatro años: leyó la letra de la canción ‘The Snake’, en la que se narra cómo una mujer cuida de una serpiente a la que ha encontrado moribunda, hasta que ésta le pica y la mata. Es una referencia, poco velada, a los inmigrantes.

Otras veces, el presidente va más allá de los símbolos. El jueves, seguidores de Trump rodearon con sus furgonetas pick-up el autobús en el que viajaba por una autopista de Texas la candidata a la vicepresidencia demócrata Kamala Harris.

Fue un juego peligroso en la carretera, que empeoró cuando uno de los vehículos de los simpatizantes del presidente embistió a otro de la caravana de Harris y estuvo a punto de lanzarlo contra los otros coches.

El incidente quedó registrado en un vídeo que ha circulado por las redes sociales, y el FBI ha abierto una investigación. La respuesta de Trump, en Twitter, ha sido rotunda: «¡En vez de eso, el FBI y la Justicia harían mejor en investigar a los terroristas, anarquistas y Antifa [«antifascistas»] que andan por ahí incendiando las ciudades en las que gobiernan los demócratas y causando daños a nuestra propia gente!» Para el presidente, «esos patriotas no hicieron nada malo».

«Patriotas»: ésa es la clave. Los emails de la campaña de Trump se dirigen a sus seguidores con un efusivo «Patriotas», algo que enfurece a muchos seguidores de Joe Biden, para quienes eso implica calificarles de traidores. Pero las cosas van más allá. «Trump para 2020. A la mierda tus sentimientos» («Trump 2020. Fuck your feelings»), «Trump-Pence 2020. Basta de gilipolleces» («Trump-Pence 2020. No more bullshit») son pegatinas y banderas que adornan las furgonetas pick-up y las viviendas de muchos seguidores del presidente, especialmente en zonas rurales.

El resentimiento es mutuo. «No hay sitio para un racista en la Casa Blanca» es una de las pancartas más comunes en los porches de las casas que apoyan a Joe Biden. En Pensilvania, muchos demócratas han optado por poner carteles de Trump y Pence y tacharlos. Frente al Black Lives Matter (Las vidas negras importan) de los demócratas, los republicanos han optado por el Blue Lives Matter, o sea, Las Vidas Azules importan, en referencia al uniforme de la policía.

A 5,3 kilómetros -8 minutos en coche- de NOVA Armory está la Casa Blanca. Allí, en el centro de Washington, la tensión es la misma. Lo resume Peter Schechter, propietario del restaurante Inmigrant Food (Comida Inmigrante): «Ésta es la tercera vez que el dueño del local nos ha dicho que tenemos que proteger el restaurante con planchas de madera. Las otras dos, cuando los disturbios, no le hicimos caso. Pero ahora vamos a tener que hacerlo».

Imigrant Food es, posiblemente, el restaurante más cercano a la Casa Blanca del mundo. Está a unos 200 metros de la residencia del jefe del Estado de EEUU, a 100 del Banco Mundial y a 300 del FMI. Si ese local fuera objeto de la ira de los manifestantes anti-Trump, sería una ironía del destino: Immigrant Food no sólo tiene un nombre que proclama su oposición a las actuales políticas del actual presidente sino que, también, cede su espacio para que diferentes organizaciones de apoyo a los inmigrantes celebren reuniones, clases y eventos.

Un país partido en dos mitades que no se hablan, pero se temen y se odian, y que a menudo practican una retórica guerracivilista. El miedo al fascismo, a la anarquía, al comunismo, a la instauración de un ‘apartheid’ se ha adueñado de gran parte de la población. Elija usted su miedo, su teoría conspiratoria, y vote en consecuencia. Soros o el Ku Klux Klan. Stalin o Hitler. La Inquisición o el Califato. Don Vito Corleone o El Chapo Guzmán.

Ésa es la clave: el odio al rival. Así lo pone de manifiesto un artículo publicado el jueves en la revista de la Academia de las Ciencias de EEUU, ‘Science’, y firmado por 15 científicos en ciencias sociales y ‘big data’. Hasta ahora, lo que movilizaba al votante eran «los ideales y objetivos políticos», explica el texto, antes de añadir que «esa competición entre grupos en el mercado de las ideas era una señal de identidad de una democracia sana». Ahora, sin embargo, hay otro tipo de polarización, «que se basa menos en el triunfo de las ideas que en el dominio sobre los abominables defensores del partido opuesto». ‘Science’ incluso acuña un término para referirse a esta ideología: el «otroísmo» («otherism»). Literalmente, ¿contra quién vota usted?

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