En Venezuela, gobierno y oposición: Las dos caras del mismo espejo

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Carmen Carrillo

Cada día que pasa los ciudadanos pierden más derechos. En aras de la Pandemia del Coronavirus, así con mayúscula, aunque ortográficamente no es correcto, el gobierno de Nicolás Maduro va convirtiendo al ciudadano en un eunuco civil.

En el lado de la oposición está instalada la locura.

Leopoldo López está absolutamente fastidiado de estar encerrado en la embajada de España mientras su familia se encuentra en la Madre Patria.

Sus operadores políticos en la “diplomacia” de señales de humo que instaló su extensión mental conocida como Juan Guaidó, desarrollan una intensa actividad como si fueran Simón Bolívar y Francisco de Miranda en la corte inglesa, buscando financiamiento para liberar a Venezuela del yugo español en el siglo 19.

Y mientras tanto el gobierno aprovecha la coyuntura para doblegar aún más el espíritu libertario del venezolano.

Nuestra oposición nos recuerda al cuento de El Rey está desnudo.

En el 2019 un tipo se asumió como presidente interino. El mundo asistió al convite, tratando de ayudar a buscar una salida. 50 países lo reconocieron como presidente interino. Algunos lo ayudaron a vestirse y hasta le compraron zapatos de cuero porque el muchacho andaba pisando las alfombras presidenciales con zapatos de goma.

Es decir, un gentío aceptó la historia de El Rey está desnudo  porque el gobierno de Nicolás Maduro, ha dado suficientes señales de abuso de poder en todos los ámbitos.

Y lo más importante, de una absoluta falta de inteligencia emocional para respetar el derecho de los demás.

Se suponía que durante ese año (2019) se daría la batalla final y saldríamos del gobierno.

Pero el tiempo pasó y los flojos de la oposición a quienes ya no les quedaba muchacho que mandar a enfrentarse con la GNB, prefirió darle vida a la matriz de opinión que los Marines vendrían a liberarnos.

Llegamos al 2020. Una fuerza telúrica envío el coronavirus a la humanidad y el gobierno de Nicolás Maduro que está bien entrenado en el lado oscuro de la fuerza lo aprovechó y lo aprovecha para quitarnos el poco sentido de dignidad que nos quedaba.

Los gobiernos de los “países hermanos” por efecto del coronavirus han  permitido el desalojo de miles de venezolanos, la pérdida de sus trabajos y sus empleos, o negocios y nadie ha salido a tenderles una mano.

Ahora esos venezolanos deben regresar gracias a la caridad de los gobiernos de los “países hermanos” cuya solidaridad ya no alcanza sino para tratar de proteger a sus connacionales.

Regresan a un país donde no hay nada accesible vía carnet de la patria, donde todo cuesta dólares, moneda que aunque no es oficial, por efecto del juego y del tráfico de sustancias, se ha convertido en la expresión monetaria del país.

Regresan en momentos en que dentro de esa cadena de atropellos a la civilidad y en aras de salvaguarda la sobrevivencia de la especie, los gobernadores, alcaldes y ahora el gobierno nacional, imponen además de la restricción del suministro de combustible, el toque de queda.

Regresan en medio de la escasez de alimentos, de energía eléctrica, de medicinas, de agua, de gas, de combustible, hasta de la señal de Internet.

Regresan a un país destruido por la terquedad de un gobierno y la torpeza de una oposición que pretende hacer lo mismo que hicieron con Carlos Andrés Pérez el 18 de mayo de 1993: Dar un golpe de Estado en nombre de la libertad y contra la corrupción.

En serio no se tiene claridad quiénes son peores: Si el gobierno amurallado por el poder del Estado y la falta de nobleza de todos quienes están en él o los de la oposición, capaces de mantener una mentira de que vienen Los Marines a salvar a Venezuela.

Con esa  cantaleta han aprovechado para robar a nombre del coronavirus y  de la Ayuda Humanitaria.

Citgo, Monómero, la Ayuda Humanitaria, todo ha sido poco para esta fauna desgraciada de la oposición que como un reflejo del actual gobierno, se convierte en la otra cara del espejo de lo que vive el venezolano.

Los venezolanos no seremos el pueblo elegido. Somos el pueblo condenado. Los que no regresen tendrán la responsabilidad de mantener el gentilicio porque difícilmente quede país, después de esto.

 

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