¿Feliz día del periodista?

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Carmen Carrillo

Celebrar el día del periodista en medio de la pandemia del coronavirus es una verdadera osadía.

Así como ha fallecido gente por la enfermedad, lo ha hecho el personal de salud, que es la primera línea de ataque contra esta peste; policías; bomberos y  también han muerto periodistas buscando la noticia para informarle al mundo qué es el coronavirus y cómo sobrevivir a él.

Ser periodista es una profesión de fe. Es casi como forma parte del grupo de apóstoles que acompañó a Jesús en su peregrinar por el mundo de ese entonces.

En Venezuela para el gobierno siempre, no importa del color que sea, el periodista ha sido una piedra en el zapato: Incómodo, por eso es que se ha convertido en una norma aplicarle medidas cautelares donde no se les permite ejercer su profesión y hay jueces que se atreven a fallar contra el segundo derecho más importante después del derecho a la vida como lo es la libertad de expresión.

Pero en esta ocasión quienes se dicen de oposición han colonizado todos los medios de comunicación, incluyendo las redes sociales y han usado la libertad de expresión para destruir.

Sí. Eso no lo verán en ningún medio de comunicación porque quienes se dicen de oposición aplican el mismo expediente del gobierno: Medidas de censura a todo aquel que no acepte como robot sus acciones.

Si me preguntan quién le ha hecho más daño al periodismo, no me tiembla el pulso para responder: Los que en nombre de la libertad destruyen y obstruyen la libertad de expresión.

Los que están en gobierno, mientras están en ese tránsito son defensores de los periodistas, porque los necesitan y cuando llegan, entonces se dedican a tarifar a medios y a periodistas, aunque siempre queda algún León sordo por allí.

Pero quienes están en oposición han inventado su ejército de medios y de periodistas que le han hecho mucho más daño a la libertad de expresión y al oficio que cualquier funcionario de quinta categoría que levita cuando le quita su cámara, su teléfono o su grabador (para no dejar por fuera a nadie, porque ahora los teléfonos hacen todo eso) al periodista que a riesgo de su vida está en el sitio de los acontecimientos o sino hace como algunos, que se van al sitio de los acontecimientos y en algunas ocasiones miran a sus compañeros ser heridos y perder la vida en el cumplimiento de su trabajo, mientras ellos, heridos, se salvan por voluntad de Dios.

A veces cansa ser periodista sobre todo por la familia pero cuando eso pasa uno se acuerda que hay gente que no tiene como decir lo que le sucede, entonces se retoman las ganas y se vuelve a la calle, por ese ciudadano que no tiene quien lo defienda.

Y ojo, nunca se espera nada a cambio, ni siquiera las gracias. Se es periodista por un alto sentido de justicia y de nobleza. Ambas condiciones poco frecuentes ahora en mi país.

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