La historia del hombre gigante que aparece en la Basílica de Caracas

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(CNP-19208).- Una tarde me instalé a leer esas ficciones, mitos y leyendas fantásticas de la cultura llanera venezolana, parte de nuestro del folclore literario.

Me tropecé con una fábula que sucedió en la Catedral Metropolitana de Santa Ana mejor conocida como la basílica de Caracas, ubicada en el centro histórico de la ciudad en la parroquia Catedral del Municipio Libertador, Distrito Capital de Venezuela.

Suele pasar que hoy en día la gente no cree en apariciones ni en supuestos espíritus o almas erráticos de seres de muertos, más “raramente aun de vivos” que se manifiestan entre los activos de forma visible; es decir de mirar a traves de sonidos, bálsamos o desplazando.

Llegó la estación decembrina, en la ciudad de Caracas colonial decorada con luces navideñas, plazas, avenidas y parques reflejan la navidad, pasajes de la capital de ornato propio de esta temporada.

Desde la catedral, se puede visualizar la imagen, la cruz de 30 metros de alto en el hotel Humboldt de Caracas.

Origen
En el siglo XVIII, cuentan los lugareños que salía un hombre de estatura pequeña, que veían después de la diez de la noche caminar por la plaza. Detenía a los transeúntes para pedirles un cerillo y encenderlo.

Se rumoró siempre que era el ex ayudante del párroco vivió dentro del templo todo su vida; por otro lado dicen se interpretan que es un alma en pena de un personaje humillado por las mujeres por ser enano.

Al punto de haber sido discriminado por lo que en aquel entonces se escondió en la catedral y de allí mas nunca lo vieron salir.

El presidente asustado
El presidente de la república de Venezuela, General Antonio Guzmán Blanco, conocido como el ilustre americano, fue militar, caudillo, diplomático, abogado, y político venezolano.

El gobernante salió de su oficina, muy cerca de la plaza mayor y dispuso acercarse al templo; con el objetivo de visualizar donde podía comenzar a hacer unas modificaciones del casco central de Caracas.

Miro que había un hombre pequeño fumando en la entrada de la iglesia y con el temor a encontrarse con el fantasma decidió dar la vuelta y regresar a su despacho; el día siguiente prometió no arrimarse a ese templo más nunca por muy bonita que fuera esa catedral.

Un caballero
Los caraqueños comenzaron a recogerse temprano, con un sonido de gaitas adecuado para evitar salir a las diez de la noche según sobraban motivo, los mas octogenarios acataban dormir anticipado, no todos prestaban atención se podían eludir las consecuencias, para aquella época tendría derivación, en vista que había amanecer gaitero, la alegría de compartir con amigos.

Llega a la Plaza Bolívar un caballero de un buen vestir, de esos que tienen automóvil, con una botella de whisky en su carro, clásico, sobrio y elegante de tener buena fragancia al caminar, de expresar bien así como esa frase del Periodista Francés Charles Chincholle “Toda mujer es del primero que sabe soñarla “.

Se rumora que iba en camino a verse con una dama, o venía de tomarse unos tragos de una fiesta.

Lo cierto es que la noche trascurría y aquel caballero de buen vestir se encontraba solo, tan solitario, le hacían compañía arboles, ramas secas, el viento soplaba tan fuerte; caían las hojas secas en las estatuas del Libertador Simón Bolívar.

El gentil hombre siguió caminado hasta su carro a servirse un trago, el frio comenzaba avivarle.

Se pregunto el caballero ¿Será que el libertador puede sentir y percibir todo lo que sucede en esta plaza? sonrió y sigue tomando en esa lugar ese galán; de un buen cubrir no creía en fantasma.

Con la neblina arropándole los pies, el elegante hombre subió la escalera, al final de la plaza los escalones apenas se veían, a la vista era como caminar debajo de las nubes.

Al pisar el empedrado de la vía le dio un estremecimiento, de que alguien lo venía siguiendo; volteó a distinguir, justo al frente estaba la Catedral, monumento neoclásico, un estilo arquitectónico.

Reaparece a mirar, solo ve torre del campanario. Siguió en la plaza bebiendo, de pronto inició escucharse unas pisada voltea no ve nada, siguieron los pisadas más cerca, el corazón de aquel caballero inició acelerarse y a sudar frio.

Sintió como una subida de tensión y a la vez no podía respirar, las campanas de la iglesia emprendieron a sonar anunciando son doce de la noche.

Extremadamente el hombre encabezó a rezar varias plegarias que nunca en su vida lo había hecho.

Se escuchaban los latidos de un perro, inició a emitir aullidos, eso indica que algo anda mal.

El caballero se sobresaltó, aunque pensó que ese animal era producto de aquel escalofrió de esas pisadas.

El hombre gigante
Fue, encendió su carro para irse a su casa, cuando baja el vidrio miró la imagen de un niño que parece espectro de aspecto simpático, un enano de amabilidad, de sonrisa exagerada.

Es un pequeño personaje de estatura pequeña con semblante maligno, se viste muy elegante. Vestido de blanco, calzaba alpargatas, con sombrero pelo e´ guama.

Con buenos principios, traiciona a sus víctima ofreciéndole un tabaquillo, su comportamiento hacia los hombres lo hace por venganza.

La iglesia no lo reconoce en la entidad, ni siquiera como un ángel celestial diabólico de lo malo que es.

Antes que el caballero de vestir bien retomara su ruta se le acercó el hombre de estatura pequeña le pidió por favor ¿usted será tan amable de encenderme un cerillo?

¡Gracias!; ahora vas a ver el fuego del infierno!. El enano crecía, crecía, crecía a la vista de aquel galán que llegó a la plaza, creció tanto que alcanzó la altura del templo.

El hombre de un buen vestir invitado por aquel hombre gigante demonio que vio en la catedral de Caracas, sin mirar atrás corrió y corrió al ver ese espanto de personaje feo, luego de 12 campanadas.

Jamás en su vida volvería encenderle ni tabaco, ni cigarrillos a nadie ni un traki traki, ni estrellitas, menos las velas de su cumpleaños después de ese gran susto que vivió.

 

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