La locura se ha instalado en Puerto Rico

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Carmen Carrillo.-La isla del Encanto vive en estos momentos  un segundo huracán María. Si hace casi tres años se perdieron más de 3 mil vidas, en estos momentos el huracán político que sacude a Puerto Rico podría dejar aún más víctimas.

Los latinos, descendientes de españoles estamos convencidos que nuestro dolor duele más; que todo lo que nos sucede a nosotros es más intenso y por lo tanto tenemos derecho a ser más histriónicos para expresar nuestro pesar.

Pero lo que ocurre en el Estado Libre Asociado es una gota en un vaso de agua sólo que las fuerzas políticas nacionalistas aprovechan el momento para sacar beneficios.

Y los artistas forman parte de esa maquinaria de vivos que quieren obtener beneficio de la necesidad de la gente.

Claro que hay un delito en lo ocurrido en Puerto Rico con el chatgate.

El primer delito es haber violado el derecho a la libertad de expresión que tienen todos los seres humanos.

A Ricardo Roselló y su grupo de amigos les violaron su derecho a la privacidad y a la libertad de expresión pero como el fin justifica los medios, eso no importa.

Es un poco la táctica de los emperadores de Roma cuando enviaban un mensaje a una provincia y en el mensaje decía: Mata al mensajero. Sólo que quien llevaba el mensaje no lo sabía.

No es delito que el gobernador y sus amigos se hayan expresado como lo hicieron; no. Lo que demuestran es una absoluta falta de consideración por los demás.

Eso no es delito. Es un problema de falta de solidaridad y de educación.

Permite conocer la naturaleza de la maldad que tienen esas personas que se supone fueron electas para gobernar en beneficio de las mayorías.

La crisis en Puerto Rico se sigue profundizando ahora con la negativa de la secretaria de Justicia de asumir el cargo. A lo mejor termina siendo presidente Riqui Martin o Residente. Quien quita.

Lo que demuestra la situación de Puerto Rico es que la gente no tiene nada que hacer o no quiere hacer nada que puede pasarse el día hablando de política en vez de estar trabajando.

Un poco como lo que ocurre en mi país, Venezuela, donde la gente no trabaja, no come, no hace nada, no porque no quiera sino porque no hay trabajo, la comida está muy cara y no se puede hacer nada.