San Sebastián 2020: ‘El verano que vivimos’, para los adictos al amor imposible

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moviescine.com.-El segundo día de la 68ª edición del Festival de San Sebastián vemos El verano que vivimos. Dirigida por Carlos Sedes (Fariña), lo nuevo de Blanca Suárez (Las Chicas del Cable) se proyecta dentro de la sección Gala Benéfica y el dinero recaudado irá a parar a DYA Gipuzkoa, una asociación sin ánimo de lucro destinada a la asistencia, prevención, salud y bienestar de las personas.

Ambientada en dos periodos de tiempo, El verano que vivimos narra dos historias conectadas con 40 años de diferencia.

Isabel, una joven periodista, comienza sus prácticas en un pequeño diario de una localidad gallega.

Allí descubre unas misteriosas esquelas que llegan al periódico siempre en la misma fecha. Siempre sin firma. Siempre dedicadas a una mujer llamada Lucía.

A través de estos fragmentos de recuerdos del pasado se va tejiendo una historia de amor y de traición forjada entre las viñas de Jerez en el verano de 1958.

Un triángulo amoroso que se crea con la llegada de Gonzalo a Andalucía, un arquitecto que construirá la bodega de su amigo Hernán, quien está prometido con Lucía.

Suárez es el eje central del largometraje y Javier Rey (Orígenes secretos) -en el papel de Gonzalo- y Pablo Molinero (La peste) -en la piel de Hernán- los remates restantes.

Es a través de Isabel, su investigación y su viaje por los diferentes lugares por los que pasó Gonzalo con los que el espectador va descubriendo lo ocurrido en ese verano del 58.

En su travesía la acompañará el personaje de Carlos Cuevas, el hijo del arquitecto que desea descubrir quién era realmente su padre.

La película va saltando de un pasado ya vivido a un presente todavía por recorrer. Para la historia de Lucía, una mujer decidida y resuelta, colorea de dorado cómo va forjándose su romance con Gonzalo.

Y utiliza la cámara para acompañar a las miradas de los protagonista. Unas veces temerosas, como cuando este último intenta apartar los ojos de una Lucía que baila.

Otras veces osadas, cuando ambos personajes van descubriendo la atracción entre ellos.

Las actuaciones del reparto cumplen con lo exigido para esta historia. Suárez, por su parte, incluso pone acento andaluz y lo hace sin que ese añadido -la actriz es madrileña- anule su trabajo.

Rey consigue confeccionar a un Gonzalo que resulta adorable, encantador y amable. Molinero, por otro lado, es capaz de generar simpatía y animadversión con un personaje que se presenta inicialmente como alguien benévolo y se va transformando en alguien hostil y antagónico.

El verano que vivimos será del agrado de aquellos que disfrutan con romances imposibles. El filme es, al fin y al cabo, una historia sobre los recuerdos, la memoria y cómo el amor puede franquear algo tan inalterable como es el tiempo.

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