Sapoara Digital

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Eduardo Hurtado*

Cuenta la leyenda que Ayarí, una hermosa aborigen enamorada de un joven español lloraba mucho mientras se bañaba en el río Orinoco porque su enamorado partiría a España, obligado por su padre.

A ella se le apareció una diosa Indígena y puso su mano en su cabeza calmando su llanto recomendándole que diera de comer al enamorado sancocho con cabeza de sapoara y éste volvería a ella por siempre.

La princesa aborigen siguió el consejo y resultó cierto aquel elixir de amor. El enamorado español se quedó en Guayana, se casó con Ayari y reinó la felicidad.

Muchos conocen esta leyenda de amor y cultura guayanesa, quien no ha conocido a una mujer de Guayana no sabe el poder que tiene su sensual mirada, muchos temen visitar la región y probar la cabeza del pescado por temor a quedar atrapado en las redes de una guayanesa, será porque la esencia de la mujer del estado Bolívar es tan especial así como la manera de atrapar a la sapoara la cual no cae con anzuelo sino con el abrazo de una fuerte red.

La sapoara no llega al mar, muchas guayanesas tampoco salen de su estado, pero es que tener la majestuosa fuerza del Río Orinoco a la vista hace que nadie quiera irse de ahí, tanto la sapoara como la mujer son singulares por su comportamiento, son buenas madres, amigas, hermanas, hijas y esposas, ellas se adaptan al tamaño de sus circunstancias y son muy trabajadoras.

En los tiempos modernos tenemos un pez que une y concilia la cultura y el amor. La tradición se entremezcla con la leyenda para contar la historia de ese singular pez de agua dulce, esa misma dulzura es transferida a la mujer guayanesa la cual logra unir enamorados, hace volver a los alejados y junta a los separados.

La guayanesa como la sapoara es única, solo existe en la región del estado Bolívar en Venezuela, ella no teme cocinar con leña su pan, pescar, hacer una carpa con una sabana y hasta espantar culebras con tal de proteger a su familia.

Aunque estén enfermas te miraran y te tiraran besos, querrán tus abrazos en las buenas y en las malas, cuidarán del hogar y no temerán mal alguno porque son unas guerreras moldeadas por la divinidad celestial, son tan nobles que dejaran de llevarse el pan a su boca para alimentar a sus hijos y esposo.

Pero Dios en su gran magnitud y benevolencia supo que no podía ser egoísta y dejar de compartir la bendición de tener a una guayanesa a un lado, sería discriminatorio, por eso le puso el elixir de esa leyenda en sus labios y las esparció por el mundo, a donde van dejan honda huella y conquistan a cualquier extranjero.

El hombre aprendió que a ellas no se les atrapa con mentiras ni con flechitas de cupido, ellas son especiales, hay que zumbarles atarrayas de amor verdadero ya que son excepcionales, como ellas ninguna, ellas crecen y se hacen fuertes como el Orinoco.

En esta difícil era donde muchas guayanesas están lejos de su ciudad, Dios las sigue bendiciendo, les da la tecnología y las conecta con el mundo a toda hora, como si fuera poco caer en los encantos naturales del estado Bolívar, ahora les dan al mundo “Sapoara de manera Digital”.

Dedicado a las hermosas guayanesas en el mundo en especial a la mía.

Eduardo E. Hurtado, MBA*
www.visionestrategica.us

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