Tensión electoral en Míchigan, donde se evita una victoria de Trump a última hora

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Donald Trump estuvo cerca de apuntarse una victoria ese martes en Míchigan en su intento por descarrilar la victoria de su rival, Joe Biden, en las urnas. Los dos miembros republicanos del consejo electoral del condado de Wayne, el mayor del estado, se negaron a certificar los resultados de la elección. Su decisión ponía en duda, al menos durante unos días, el ganador en este estado decisivo. Pocas horas después, los dos republicanos acordaron con los otros dos miembros demócratas del consejo electoral certificar los resultados, con el compromiso de que el secretario de Estado de Míchigan auditará el recuento.

Biden se impuso en Míchigan, uno de los estados que Trump ganó por la mínima en 2016 a Hillary Clinton, por algo menos de 11.000 votos. El recuento da a Biden ahora una diferencia de 158.000 votos. Una de las razones de la derrota de Clinton en este estado, que en las últimas elecciones había caído siempre del lado demócrata, fue la abstención de buena parte del electorado negro. En esta ocasión, como en el resto de electorados en todo el país, la movilización fue mucho mayor y el candidato demócrata ganó con mucha más solvencia. Y es precisamente buena parte del voto negro el que está en juego en este bloqueo de los resultados. Algunas voces demócratas han defendido que la estrategia de los republicanos es eliminar el voto de la población negra.

El condado de Wayne es el más poblado de Míchigan. Incluye a su mayor ciudad, Detroit, una de las grandes ciudades negras de EE.UU., con un 80% de la población perteneciente a esa minoría. En Detroit, un bastión demócrata, el 94% de los votos fueron a Biden.

En el consejo electoral del condado se sientan dos republicanos y dos demócratas. Los dos republicanos se han negado a certificar los resultados del condado, que entregó casi el 70% de sus votos a Biden. La razón es que había una incongruencia por pocos votos entre los registros de votantes y los sufragios emitidos.

«No tengo confianza en que los registros de votantes son precisos», dijo Monica Palmer, una de los dos representantes republicanas, y que preside el consejo electoral del condado. Pero Palmer dijo que estaría dispuesta a certificar los votos de todo el condado excepto los de Detroit, a pesar de que esas incongruencias también existían en otras localidades del condado.
«Sorprendente, indignante y machista»

Un experto legal en elecciones del partido demócrata en Míchigan, Mark Brewer, defendió en ‘The Washington Post’ que la decisión era «indignante, sorprende y racista» y, esencialmente, un intento de «quitar el voto a los votantes negros». Brewer criticó que Palmer no buscara el mismo trato para Livonia, una localidad de casi cien mil habitantes, donde el 90% de la población es blanca, y que es la segunda con mayor nivel de incongruencia en el registro de votos.

La presidenta del partido republicano en Míchigan, Laura Cox, celebró el bloqueo: «Estoy orgullosa de que, gracias a los esfuerzos del partido y de la campaña de Trump, hay suficientes evidencias de irregularidades y de potencial fraude para que el consejo elector del condado de Wayne rechace la certificación de los resultados».

Trump celebró la noticia a lo grande en Twitter: «¡Tener coraje es algo bonito! ¡EE.UU. está orgulloso!», escribió sobre la negativa inicial de los dos republicanos a certificar los resultados. Sin los votos del condado de Wayne, Biden se quedaría sin la ventaja que tiene en este estado decisivo.

El futuro de la votación de Míchigan era entonces una incógnita, sin precedentes de que un condado se niegue a certificar resultados. Finalmente, el cambio de decisión del consejo electoral, que mantiene de momento esos votos a favor de Biden, fue un jarro de agua fría para Trump, que sin duda seguirá en la pelea.

El siguiente paso está en la reunión del consejo elector estatal del próximo 23 de noviembre, que tendrá que decidir sobre la certificación. También tiene cuatro miembros, dos demócratas y dos republicanos.

Este tipo de bloqueos es una de las estrategias de Trump para conseguir la reelección sin el respaldo de las urnas. Cuando los estados, por la razón que sea, no certifican sus resultados, la decisión sobre los electores (los compromisarios que eligen al presidente y que envía cada estado) recae en los órganos legislativos estatales. En el caso de Míchigan, está en manos republicanas.

Trump necesitaría más victorias que llevarse los electores de Míchigan. Ha entablado una guerra legal, todavía sin ninguna victoria considerable, en Pensilvania, Arizona, Nevada, Georgia y Wisconsin.

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