Un neonazi alemán confiesa el asesinato del político Walter Lübcke

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elmundo.com.-Stephan Ernst confiesa haber matado al político conservador de un balazo en la cabeza en 2019, cuatro años después de asistir a un acto en el que Lübcke defendió la política de la canciller alemana.

“Yo disparé”. Así confesó hoy ante el juez el ultraderechista alemán Stephan Ernst, de 46 años, el asesinato del político Walter Lübcke. Un hecho que conmocionó al país y que despertó la conciencia sobre la creciente amenaza del terrorismo de extrema derecha en Alemania.

Ernst está acusado por la Fiscalía de haber matado al político conservador de un balazo en la cabeza a quemarropa en la noche del 1 de junio de 2019, tras acudir a su domicilio y reconocerle sentado en la terraza de su casa en Kassel, a unos 200 kilómetros al norte de Fráncfort.

En su declaración, Ernst pidió disculpas a la familia de Lubcke. “Lo sé, lo que hicimos Hartmann y yo será siempre imperdonable”. Se refiere a Markus Hartmann, su presunto cómplice, al que acusó del asesinato después de retractarse de su primera confesión.

Según la Fiscalía, en octubre de 2015, Ernst y Hartmann habrían asistido a un acto público de Lübcke en el que éste defendió la línea de Merkel para la acogida de refugiados. A partir de aquel acto, Ernst empezó a desarrollar su odio hacia el político de la Unión Cristianodemócrata (CDU). Con su presunto cómplice hicieron prácticas de tiro entre 2016 y 2018 y participaron en varias marchas neonazis y actos xenófobos.

Tras aquel acto de 2015, Lübcke sufrió el acoso y las amenazas de la ultraderecha por distintas vías. Cuatro años más tarde sufría el peor de los desenlaces. La acusación argumenta que Ernst actuó por “racismo”, movido por su ideario ultraderechista, y acusa de cómplice a Hartmann, quien le habría suministrado el arma con la que cometió el asesinato. “Fue cruel y cobarde”, reconoció. “Pero no puedo cambiar nada”, agregó Ernst ante el juez.

El asesinato de Lübcke despertó el fantasma del terrorismo de extrema derecha en un año en que se había registrado un aumento de casi el 20 por ciento de los crímenes de motivación política. La muerte de un político inocente sirvió para tomar en serio esta creciente amenaza, que hoy es percibida como un desafío crucial para la seguridad interior de Alemania.

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