Un país que no se rinde

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Andrés Velásquez
Desde siempre, el pueblo venezolano, los ciudadanos de este país, han luchado, marchado, votado, caceroleado, incluso arriesgando sus vidas, para combatir y rechazar en todas sus expresiones la opresión y la violencia de este régimen que pretende desde hace 21 años imponernos un modelo de vida que una y mil veces el país ha rechazado.

Estas dos últimas semanas, en medio del confinamiento y demás restricciones que el régimen usurpador le ha impuesto a la población por cuenta de la pandemia, que como hemos dicho le vinieron como anillo al dedo a la dictadura para mantener pasiva a la población muchos comentaban que la gente estaba acostumbrándose y resignándose a vivir en medio de este estado de calamidad pública en la que se encuentra.
Pero esta falsa teoría se cae por completo cuando vemos protestas en caseríos, en poblaciones que muchos creían impensable que se manifestaran con esa contundencia y esa fuerza.
Urachiche, Nirgua, Chivacoa, El Palmar,Santa María de Ipire, Boca de Uchire, Cumaná, Tucupido, Cariaco, Acarigua, Los Teques, El Tocuyo, Barrancas del Orinoco, San Carlos, Maturín, Delta Amacuro, Amazonas y tantos otros, han salido a protestar, al punto que según cifras del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS) solo el 30 de septiembre se registraron 33 protestas en 17 Estados y hasta el mes de agosto se habían documentado cerca de 6000 protestas protagonizadas mayormente por pequeñas poblaciones del interior del país.
Empuñando su tricolor nacional, la gente sale a la calle pacífica y espontáneamente a gritar su realidad, exigiendo solución a la falta de agua, de gas, cansados de cocinar a leña, contra los permanentes apagones, por falta de gasolina, porque sus ingresos ya no le sirven para adquirir alimentos, ni medicinas, ni nada.
Hoy no hay duda, que la población identifica a Maduro y su banda de delincuentes como responsables de toda esta desgracia nacional, por lo que acompaño y acompañaré todas estas protestas legítimas en las que además la población ha tenido el arrojo y el atrevimiento de desafiar al régimen opresor y se ha manifestado contra su política de ruina y sometimiento social.
El país no se rinde.

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