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    La columna de la directora

    ¿Suenan tambores de guerra entre Venezuela y Guyana? ¿O se trata más bien de una especie de “montar en la olla” a las empresas trasnacionales que tienen interés en explotar la plataforma atlántica que hace costa con el Territorio Esequibo?

    La tesis de la guerra no está mala. Cuando se pierde la pelea en la opinión pública, que es el caso del gobierno en estos momentos, unir a un país en torno a un objetivo es una forma de recuperar terreno.

    Lo segundo, permite a Nicolás Maduro hacer un alarde del despliegue táctico estratégico militar de las Fuerzas Armadas Nacionales y subliminalmente somete al país.

    Y lo tercero obliga a que las trasnacionales evalúen si es conveniente una tercera guerra en otro continente donde también hay fortaleza energética.

    Cuando Gabriel García Márquez imaginó Macondo en Cien años de soledad, no hablaba de Venezuela pero los tiempos han cambiado tanto que se puede, se puede.

    Pensar que Venezuela y Macondo tienen cosas en común, no anda muy desencaminado.

    Nicolás aprendió a jugar ajedrez y hasta ahora va ganando el torneo. Particularmente pienso que no habrá guerra.

    Al final, Guyana y Venezuela llevarán a “rodilla de chivo” a “las hermanas petroleras”, obtendrá beneficios para ellos, perdón para sus países y se pondrán de acuerdo para la explotación petrolera.

    El argumento seguramente será: El mundo nos necesita en estos momentos difíciles.

    Cambiando de tema. La oposición está aglutinada toda en torno a esa proceresa que es María Corina Machado.

    Todos han aceptado que la mujer es la líder máxima de la oposición, no importa que no haya ganado con 2 millones y medio de votos, y que eso haya sido un invento más a los que nos tiene acostumbrada esa oposición de cartón con la que contamos los venezolanos.

    Es más en el comando de María Corina y de Sumate, que es lo mismo, revivieron esa vieja tesis de AD: Acta mata votos, por eso no hay forma de presentar la caja con los “papelitos” que María Corina defendió tanto a lo largo de su meteórica carrera política.

    Nadie puede venir a decir ahora que ella siempre fue una líder porque eso no es verdad.

    Ella era diputada y una diputada que se destacaba más por su comportamiento de caraqueña y por  las dos veces que la diputada por el estado Bolívar Nancy Ascencio la batió contra el piso. Una en Caracas y otra en Ciudad Guayana. Ah, y por cuando Sumate  vendió al gobierno, la famosa lista Tascón, la lista de los venezolanos que firmaron pidiendo el revocatorio contra Chávez.

    El próximo paso de esta señora será convertirse en la sucesora de Juan Guaidó. Ella será la presidenta interina y manejará los recursos que asignan los organismos internacionales a quienes “luchan por la libertad de su cartera, perdón, de Venezuela”.

    Por eso es que todos los representantes de nuestra oposición  de cartón se han alineado con la mentira, porque están convencidos que ella también los mantendrá como los mantuvo el ahora profesor de la universidad de Miami, Juan Guaidó.

    Al final, los venezolanos dentro y fuera del país, estamos más solos que la I.

    El gobierno tiene como darle vida a sus mentiras y para ello usa todo el poder y los recursos.

    Y la oposición cree que si hace lo mismo logrará alcanzar el poder.

    Me parece a mí que la solución es salir de los dos, si es posible al mismo tiempo, para poder levantar cabeza otra vez como nación.

    Aunque bueno, los que estamos vivos ahorita, no seremos los que veamos eso, pero no podemos perder las esperanzas.

    Carmen Carrillo

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