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    Dori Parra: ¡ Impecabilidad !

    Mas en verdad no hay vieja ni nueva política.
    Hay buena y mala política. Entonces tenemos que voltear la mirada, sin añoranza al pasado, pero con clara inteligencia para dar respuestas a nuevas y viejas situaciones, debemos tomar lo que fue útil, bueno, factible, satisfactorio para las mayorías y con justicia para aplicarlo con confianza y convicción que va a ser sanador y positivo.

    Este 25 de julio se cumplieron 100 años del nacimiento de Dori Parra. Al pretender hacer una síntesis en dos o tres adjetivaciones sobre Dori como lideresa política y social podemos resaltar su afanoso esfuerzo del oficio de la política, el servicio a la colectividad por su bienestar y prosperidad.
    E igualmente señalar su honestidad y apego a las normas e institucionalidad como persona pública que fue, en tanto que parlamentaria, gobernadora, concejala;  sumando sentido a su vida pública el liderazgo partidista en Acción Democrática. Sin embargo esto no agota el perfil definitorio de Dori Parra.
    Primeramente porque la confina exclusivamente al hacer político, y en segundo término, porque evade, sin querer, la base humana y de orden sociológico de su inclinación a la acción social determinado en el servicio a sus semejantes.
    Entonces debemos agregar a las meras palabras que connotaron la trayectoria vital de Dori – honestidad, trabajo, insistencia para el logro- valores tales como su decoro personal y principio de respeto a leyes y normas y su carácter en cuanto al apoyo y encuentro con los sectores excluidos y más necesitados, como también su talante compasivo y comprensivo del otro, del semejante, que dio razón de ser de su compromiso político para con la comunidad en general y con las individualidades en su expresión familiar y de amistad.
    La raíz y el fundamento de un enfoque para comprender la trayectoria de Dori Parra está en su formación personal, su cultura cívica que le daba prioridad a lo social y que llevó asumir el compromiso político en una época en la cual la politica se traducía en el método de luchas para organizar y levantar los pueblos para su redención en la conquista de lo negado secularmente y la búsqueda del ascenso económico social.
    En Dori Parra hay un temperamento expresado en el equilibrio emocional y el control para el logro de propósitos, en el marco de un carácter fuerte -sin ser inflexible- inundado de actitud de amplitud e inclusión, por lo que se entiende su actuar político no sectario, sin radicalismos negadores de la opinión o el pensamiento ajeno.
    En este ángulo comprensivo, se identifican las bases de su actuación en la concepción de Dori Parra sobre la solidaridad social, sobre la amplitud política como conducta sumatoria para fortalecer el espíritu democrático y para darle cuerpo a su liderazgo partidista.
    Relevante en su convicción de acuerdo a la cual la política como oficio es servir a los demás, en tanto que siendo la política la búsqueda del poder, solo tiene sentido si el poder es para priorizar y resolver, para dar certeza y para construir certidumbre y confianza en la comunidad.
    Ahora bien el oficio de la política igualmente lo entendió Dori como una actividad precondicionada por unos principios, tales como el decoro en el actuar personal, la honestidad en el ejercicio del poder y sobre todo en el ejercicio de la gestión pública, y la necesaria consistencia y consecuencia doctrinal, vista está desde la democracia; como también la consistencia y consecuencia social interpretada como el compromiso del uso del poder para ayudar, apoyar y empoderar a los menos favorecidos por el sistema político, o debido al acumulado de injusticias que endémicamente han sufrido los desposeído
    En Venezuela. Estos principios se resumen en el perfil de impecabilidad de Dori Parra como persona, como dirigente, como gobernante, como activista social y cómo amiga. No menos cierto lo fue en el ámbito familiar que siempre la admiró y la rodeó.
    Dori conquistó por esa impecabilidad que la distinguió el respeto, la devoción de muchos y la confianza de la sociedad larense y venezolana, como ejemplo de lo que tiene que ser un dirigente político.
    Tradición y forma inicial del ejercicio popular de la política, se dirá. Y uno se pregunta, muchos se preguntan, sin exageración alguna, todos la sociedad venezolana, el país nacional se pregunta ¿Qué es de la política ahora que no se corresponde con nuestras necesidades, exigencias y clamores? ¿Qué ha pasado con los políticos, dónde están los liderazgos confiables?
    ¿Y qué de la formas de hacer política que enlazaba los deseos, las peticiones, las interpelaciones de la comunidad y de la gente en general? ¿Es acaso que hay nuevas formas de hacer política que con argumentos evidenciables se desprecia una vieja forma de hacer política?
    No son preguntas románticas o de nostalgia por tiempos idos: son cuestiones construidas por la ruda realidad que interpela la política. Algunos o muchos lo creen.
    Mas en verdad no hay vieja ni nueva política. Hay buena y mala política. Y entonces tenemos que voltear la mirada, sin añoranza al pasado, pero con clara inteligencia para dar respuestas a nuevas y viejas situaciones, debemos  de tomar de ese pasado lo que fue útil, bueno, factible, satisfactorio para las mayorías y con justicia para aplicarlo con confianza, seguridad y convicción que va a ser sanador y positivo.
    Fueron prácticas sustentadas en valores, principios de quiénes fueron exitosos en responder a la comunidad de manera oportuna y honrada, desde un hacer político -hecho un estilo de vida- reconocible y dedicado a los procesos democráticos y de construcción de sistema libertades, de participación en busca de bienestar y prosperidad nacional.
    He ahí la pedagogía política de Dori Parra. Valores y principios que dieron fruto e impidieron la pérdida de fe de los pueblos en la democracia. Hoy siguen vigentes…hoy más vigentes que nunca, hoy clamorosamente exigidos; y lo más importante, emocionalmente creadores de mayorías: es este el legado de Dori Parra, que se resume en la palabra mandante ¡Impecabilidad!
    Justo Mendoza

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