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El escándalo Rubiales exhibe lo malo y lo feo del fútbol español

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El escándalo Rubiales exhibe lo malo y lo feo del fútbol español

El escándalo Rubiales ha servido, entre otras cosas, para ver bajo otra óptica el conflicto que sacudió a la selección femenina de fútbol durante un año: el llamado motín de las Rozas, cuando el núcleo del equipo condicionó su presencia en las siguientes convocatorias a que la Federación Española de Fútbol (RFEF) realizase cambios en el cuerpo técnico.

La ausencia de explicaciones claras sobre sus motivos echó a la opinión pública en su contra, y Luis Rubiales apoyó al seleccionador, Jorge Vilda, que confeccionó durante más de medio año una selección ‘B’ para preparar el Mundial mientras lograba ganar partidos amistosos.

A medida que pasaban los meses, la situación se agravaba para ambas partes: las amotinadas se arriesgaban a perderse un evento estelar que sólo se celebra cada cuatro años y la Federación no podía presentarse en un Mundial sin Alexia Putellas, dos veces consecutiva Balón de Oro, y algunas de las mejores jugadoras del planeta.

Cuando el FC Barcelona femenino conquistó la Champions a comienzos de junio, el galimatías adquirió proporciones inasumibles.

Fue en aquel momento cuando la Federación movió ficha. Había sido precisamente Jenni Hermoso la primera futbolista díscola en regresar a la disciplina de Vilda, meses antes.

La máxima goleadora en la historia de la selección jugaba en la Liga mexicana y estaba, por tanto, más aislada de sus ex compañeras del Barça.

A Hermoso le prometieron mejoras, según fuentes bien informadas, para convencerla de regresar a la Selección.

La jugadora aceptó el trato discretamente, sin hacer ruido, a pesar de ser una de las pocas que había hablado del enfrentamiento públicamente al principio. Y regresó a las convocatorias en febrero.

Después, con la misma discreción, Hermoso fue contactando con diversas jugadoras; entre ellas, Alexia Putellas, que vivía un momento muy complicado por la lenta recuperación de su rotura de ligamento cruzado y no asumió el liderazgo de sus compañeras durante esa crisis.

Hermoso les planteó la posibilidad de volver, indicando que la Federación también estaba dispuesta a hacer alguna concesión para mejorar las condiciones de trabajo y aumentar la cualificación del cuerpo técnico.

Ana Álvarez, directora de Fútbol Femenino de la RFEF, fue la persona elegida para rubricar con las jugadoras la negociación sobre su vuelta.

Hubo un primer intento de reunión que no fructificó por la negativa de las futbolistas, muy dolidas tras meses de incomprensión ante una postura que no habían sabido comunicar a la sociedad.

Pero la conquista de la Champions femenina obligaba a un acercamiento, y finalmente se produjo la reunión.

O, mejor dicho, las reuniones: la Federación se negó a hablar en grupo y convocó reuniones individuales entre Ana Álvarez (que se desplazó a Barcelona) y cada jugadora.

El mensaje de la RFEF fue: «Declaraos convocables y esperad a que salga la lista».

Para doblegar la resistencia de algunas, se les prometió que la Federación nombraría a un nuevo seleccionador después del Mundial, pasase lo que pasase.

Falsas ilusiones

La misma promesa se la hicieron a Putellas (aunque el caso de ella era singular: su regreso se consideraba imprescindible por cuestiones de imagen, patrocinadores, etc).

Y también a Aitana Bonmatí, una de las primeras en romper la unanimidad del grupo, sabedora de que su ausencia en el Mundial le quitaría la aspiración a la conquista del próximo Balón de Oro femenino.

Pasado el Mundial, nadie se acordó de la promesa, ni siquiera tras ver la frialdad entre el seleccionador y sus jugadoras después de la final.

El hecho de que Rubiales prometiera en la inolvidable asamblea del viernes pasado a Vilda un contrato de cuatro años y medio millón de euros anuales fue otra «bofetada al grupo», según una de ellas.

Como es sabido, ocho de las 15 amotinadas (Aitana Bonmatí, Mariona Caldentey, Ona Batlle, Sandra Paños, Laia Alexandri, Leila Ouahabia, Lucía García y Andrea Pereira) volvieron a colocarse en situación de ser convocadas tras la visita de Ana Álvarez.

Algunas de las que no cambiaron de postura (Mapi León, Patri Guijarro, Claudia Pina, Lola Gallardo, Ainhoa Moraza, Nerea Eizagirre y Amaiur) ni siquiera le dieron la oportunidad de sentarse con ellas.

Luego Vilda decidió humillar a algunas arrepentidas no llevándoselas al Mundial: «El mismo estilo de dominación y poder que todo el mundo ha visto por fin ahora», remacha otra fuente de ese grupo.

«¿O a quién piensa usted que iba dirigido lo de agarrarse los testículos en el palco?»

En fin pareciera que el fondo de este conflicto es por el machismo excesivo que exhibe la Federación Española de Fútbol.

Con inf. de ABC de España.

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