Una familia libanesa comparte sus recetas

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Cuando Marianella Abadí Abilahoud tuvo listo el recetario en el que reunió los platos libaneses que elaboraban cotidianamente su madre y sus tías se lo llevó a don Armando Scannone, gran amigo de su familia. Quedó más que satisfecha cuando este le dijo que estaba “incompleto” y que faltaba abrir el restaurante que ofreciera cada una de las preparaciones que lo componen.

El libro lleva por título El sabor de la tradición libanesa y su autora aclara que las recetas que lo integran son las que trajeron al país, a principios del siglo XX, sus abuelos maternos: Baduy M. Abilahoud y Saide Bunima de Abilahoud. “No los conocí pero mi madre, Gloria Abilahoud de Abadí, así como mis tías Victoria, Julia y María, se esmeraron para ofrecernos diariamente estos sabores”, añade Abadí, que dedicó varios años a la recopilación de las fórmulas, conservó sus nombres tal cual se pronunciaban sin atenerse a normativas ortográficas, y con ello rescató dos memorias; la gustativa y la oral.

“Desde pequeña me gustó ayudar en la cocina. Allí, mis tías dejaban escapar una que otra palabra en árabe, razón por la cual mi conocimiento del idioma se limita a ingredientes, preparaciones y a algunas bendiciones, como salim da ietic, que quiere decir Dios bendiga tus manos y que elogia el esmero en la elaboración de los platos”, explica Abadí, que ofrece instrucciones precisas de cada una de las recetas, reconoce que algunas son muy laboriosas pero no por ello difíciles, y está consciente de que algunas pueden ser distintas a las que ofrecen otros recetarios de la cocina libanesa.

De los platos elegidos la autora reconoce que su favorito es Erós, kibbe frito relleno con mantequilla de yerbabuena que en su casa se preparaba dos o tres veces al año por lo laborioso. “La tarea recaía sobre mi tía Victoria, la mayor de los hermanos, que apenas se casó se fue a vivir a Líbano y que a su vuelta a Venezuela se convirtió en maestra de maestras y enseñó a mis tías lo aprendido durante su estancia en el país de mis abuelos”.

En total son 48 recetas, entre entradas y ensaladas, sopas, platos principales y acompañantes, y dulces, cada una de ellas con su respectiva tabla ilustrativa de ingredientes, que permiten al cocinero prepararse para el proceso. ¿Ejemplos? Tabule o Babaganush –entre los platos libaneses más conocidos en el país–; Rifta badis, sopa de lentejas y cintas de pasta; arroz árabe con pollo, hígados y piñones; y pescado en tahine con crema de ajonjolí.

¿Más? Un trío de dulces: Awamat, compuesto por bolitas de masa frita que se sirven con almíbar de agua de azahar, Ma’amoul, dulce de pasta relleno de dátiles, y Belewa, baklava de nueces que lleva el almíbar mencionado, enumera la autora, antes de explicar que en su casa se hacían pocos dulces y advertir que los interesados en el falafel no encontrarán el plato en su recetario. ¿La razón? “En mi casa no se preparaba”.

Ficha técnica

» Patrick Dolande retrató una treintena de platos –sin maquillaje– con la colaboración de la estilista de alimentos Liselotte Salinas.

» Los textos fueros redactados por Marianella Abadí Abilahoud y Gloria Abilahoud de Abadí.

» La coordinación editorial estuvo a cargo de Alberto Veloz Guzmán y el diseño gráfico es de Gustavo González y Jacqueline Sanz.

» Oscar Todtmann Editores fue responsable de la posproducción editorial y la distribución del libro, ya a la venta en las principales librerías del país y en ferias del libro nacionales. EN